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Opinión

Otro aniversario en libertad

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Agosto es un mes de celebración para mi familia. En esos días inciertos del año 1992, mi esposa y yo cruzamos, por segunda vez y con éxito, la frontera de Estados Unidos y México en busca de libertad.

En la primera ocasión fuimos apresados en Tijuana y entregados a un malévolo oficial de inmigración, que disfrutaba contarnos cómo nos deportarían a Cuba.

Aquel oficial se daba gusto en su crueldad, sobre todo si mi esposa lloraba. Parecía ser simpatizante del régimen de donde habíamos escapado.

Desde el primer día en libertad, fuimos y somos muy dichosos. Con la ayuda de una entrañable abogada de inmigración quien trabajaba para una organización pro bono, escribí personalmente nuestro caso de asilo y nos fue concedido.

Eran otros tiempos, sin duda, la crisis de los balseros ocurriría dos años después. Cientos de compatriotas se lanzaron, una vez más, a la incertidumbre del mar para buscar lo mismo que nos había sido, justamente, concedido a nosotros. A muchos los encerraron en la Base Naval de Guantánamo bajo la amenaza de que de allí no saldrían nunca.

Tiempo después, bajo la influencia del exilio, fueron admitidos a Estados Unidos continental y en Miami Dade College, donde laboré desde mi llegada, los vi estudiar y prepararse para la nueva vida.

El éxodo de los balseros resultó ser tan exitoso como el del Mariel. Los nuevos exiliados asumieron la libertad, con diligencia, como si siempre la hubieran disfrutado y comenzaron a reciprocar, con creces, la oportunidad.

Es el proceso natural de las oleadas de refugiados de la isla, entre los más emprendedores y laboriosos de los extranjeros —según consta en numerosas estadísticas—, que llegan a estas costas en busca de la mejor existencia que todos merecemos.

Desde mi feliz vigésimo octavo aniversario en libertad, el resumen no pudiera ser más promisorio. Nuestros mayores vivieron sus últimos años rodeados de atenciones y sin carencias, en los años dignos de la llamada tercera edad, y nuevos Ríos, nacidos en esta tierra gloriosa, honran profesional y académicamente nuestro reducto de justicia y democracia.

Durante la administración del presidente Barack Obama y el establecimiento de relaciones diplomáticas con la dictadura, el concepto de exilio cubano comenzó su declive.

Curiosa paradoja, seguíamos siendo, sin embargo, los únicos refugiados en América Latina, procedentes de un régimen comunista con la absoluta potestad de decidir quiénes son cubanos y quiénes apátridas.

Entonces comenzó el abuso de nuestras prerrogativas históricas y se fue disipando la idea cenital por la cual habíamos abandonado la patria. Un sector del exilio, que no entró en la componenda, fue llamado peyorativamente de línea dura, intolerante. El comunismo, con todo el daño que ha propinado, parecía ser la falacia de ancianos obcecados.

Poco antes de terminar su presidencia, Obama le dio el portazo definitivo a puertas que su propia administración había mantenido abiertas y liquidó la política de “pies secos, pies mojados”, que en algún momento de la época de Clinton nos había parecido injusta.

Cientos de cubanos quedaron varados en distantes fronteras y en el agobio de la propia isla donde reclaman, exaltados, sus derechos como refugiados potenciales de un régimen totalitario.

El contexto internacional para exigencias de esta índole, sin embargo, ha variado. Hoy contados son los países que dan la bienvenida a los desesperados.

Las fuerzas manipuladoras de la izquierda mundial lo saben y utilizan las crisis que sobrevienen para disputar poder e influencia.

Es muy difícil que los cubanos recuperen sus prebendas migratorias en Estados Unidos. Tal vez algunos apuestan a un cambio de administración, como aspira la propia dictadura de Díaz-Canel para salvar, una vez más, la cruenta dictadura.

Recuerden, queridos coterráneos, que no hay izquierda leve y democrática, no es su naturaleza. Todas funcionan en la franja de los atropellos y las carencias, para sojuzgar a los incautos.

La libertad sigue siendo un sello de garantía que debemos anhelar, pero hay que priorizarla y rendirle pleitesía sin medias tintas ni doble moral, si queremos que forme parte integral de nuestras vidas.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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