¿Trabajar o manifestar en las calles?
Me complace reconocer que mi anterior columna ha sido bien recibida, sobre todo por compatriotas que entienden la significación del día que uno comienza a disfrutar la libertad.
Recibí, sin embargo, un email de cierto lector que trata de llamarme la atención sobre mis argumentos para celebrar tan importante aniversario.
Primero me felicita y luego escribe que tuve suerte por la concesión del asilo político, para al final recomendarme que deje mis mensajes subliminales y me siga dedicando a la crítica de cine.
El lector me pregunta lo que hubiera ocurrido, si trato de asilarme ahora y por qué la actual presidencia no ha revertido el daño causado por la anterior administración con la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados”.
Creo haber reflexionado sobre algunas de sus interrogantes en la columna. Repito, en el actual contexto internacional no se siente simpatía por los refugiados. Solo hay que ver cuantas buenas películas europeas abordan el tema y me parece que los cubanos no hemos sido cuidadosos con nuestras prerrogativas históricas para emigrar a Estados Unidos.
Todos conocemos de los excesos y hasta abusos cometidos con esos privilegios, muchas veces para ayudar y estar en contacto con la familia dejada atrás en ese espanto y en no pocas ocasiones para pasarla bien, como si la isla fuera un sitio ideal de vacaciones “todo incluido” y no el lugar asolado por la más antigua y decadente dictadura del continente.
Sin contar con aquellos compatriotas, residentes en Estados Unidos, que disfrutan en Cuba, por largos períodos de tiempo, el cheque del Seguro Social, lo cual es un delito federal, y de aquellos que han debido “repatriarse” para mantener alquiladas sus propiedades en Cuba. Por cierto, muchos de esos repatriados están atrapados en aquel horror debido a la pandemia.
No fue por “suerte” que me otorgaron el asilo político. Lo argumenté con sólidas bases. Enumeré las maneras que mis expresiones culturales anticastristas, en la Ciudad de México, no eran de la simpatía de los numerosos agentes de la seguridad cubana que deambulan libremente en ese hermoso país.
Varias veces trataron de interferir con mi labor, siguiendo orientaciones de la embajada cubana, reconocido nido de espionaje, y hubo un momento en que sentí que mi vida peligraba y fue cuando decidí cruzar la frontera, como lo he contado en no pocas ocasiones.
Y ahora les confío otro mensaje subliminal, aunque el lector de marras me vuelva a criticar. Durante estos meses de pandemia sé que mis hijos se levantan temprano porque siguen bendecidos por sus respectivos trabajos. Mi esposa, a las 7:30 a.m. está hablando con estudiantes y empleados de mi entrañable Miami Dade College, solucionando cuanta dificultad ocurre en el complejo mundo virtual, donde ahora transcurre la academia.
En lugares donde colaboro con mi conocimiento del cine también hemos seguido laborando en medio de esta incertidumbre. Otros amigos y parientes continúan proveyendo admirablemente a sus familias.
Mi pregunta entonces es bien simple, ¿se puede estar masivamente protestando en las calles, durante poco más de tres meses, sin ganar un salario en Estados Unidos?
He leído que la hermana del hombre que le quitó la vida de un disparo a una persona que se manifestaba recientemente, dijo que en la casa lo conocían poco y sólo sabían de él cuando se aparecía, de manera intempestiva, para pedirle dinero a su madre.
Parece que, ciertamente, las personas no se pueden ganar la vida en manifestaciones turbulentas, sin trabajar.
Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de septiembre de 2020, 4:53 p. m..