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Opinión

La amenaza china es real, pero su tratamiento no es fácil

Por años China ha venido compitiendo ferozmente con Estados Unidos en cada terreno. Desde luego, EEUU se defiende en muchos aspectos económicos, pero en otros, actúa con prudencia dadas las circunstancias.

El 30 de diciembre del 2003 publicamos una columna en El Nuevo Herald titulada “La silenciosa invasión china”. Como respuesta en el mismo diario, apareció publicada el 6 de enero del 2004 una extensa carta que un lector tituló como “La silenciosa penetración americana”. Tuvimos la oportunidad de conversar con el lector, quien nos contactó entonces. Nos confesó de que tiene una fábrica de sandalias en China; evidentemente, de allí surge su posición defensora de los intereses chinos.

Esta anécdota es apenas un ejemplo del motivo por el cual no se adoptan las medidas necesarias para proteger el patrimonio estadounidense de la injerencia china. Resulta que muchos influyentes estadounidenses, incluyendo poderosos empresarios y destacados políticos, tienen sus negocios en China.

Sucede que China hábilmente publicita sus fábricas en importantes revistas económicas de EEUU. Y sus palabras textuales son: ¿tiene alguna idea que quiera desarrollar? “Beijing ostenta con orgullo miles de fabricantes que pueden hacer realidad su sueño con una módica inversión”. Todo parece muy normal y apropiado como publicidad. Sin embargo, si EEUU pretende hacer lo mismo en China, se encuentra que existen muchas restricciones y controles gubernamentales que entorpecen la gestión.

Lo mismo sucede con los bancos. Mientras los bancos chinos entran a EEUU como “Pedro por su casa”, los bancos estadounidenses todavía enfrentan una serie de requisitos que deben cumplir para poder operar en China como ellos lo hacen en EEUU.

En la práctica ocurre que la rivalidad de China con EEUU es notoria en todos los aspectos. Por ejemplo, cuando Estados Unidos crea el Acuerdo Transpacífico (TPP), China crea el Acuerdo de Asociación Económica Integral (RCEP). Cuando EEUU crea el Acuerdo Trasatlántico (TTIP), China crea el Acuerdo de Inversión Unión Europea-China. Cuando EEUU crea los Centros Financieros Globales (GFC), Shanghai crea los suyos. Cuando EEUU crea la Unión Europea Eurásica, China crea la Ruta de la Seda. Para la OTAN, China crea el Shanghai Cooperation Organisation. Para el grupo de diálogo multilateral Asean Regional Forum, China crea el Foro Multinacional CICA. Para el Grupo de los Siete, China crea el BRICS. Para el Banco de Desarrollo Asiático, China crea el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), para el Banco Mundial, China crea el Nuevo Banco de Desarrollo-Shanghai. Para el sistema de órdenes de pago estadounidense CHIPS, China crea su sistema CIPS. Para Visa-Mastercard ellos crean la China Unión Pay. Para Moody’s y S&P, China crea el Universal Credit Rating Group.

Esto es solo una aproximación a todas las reacciones de China ante la fundación de organismos multilaterales o acuerdos transnacionales en los cuáles EEUU ha sido protagonista o miembro destacado.

El presidente Donald Trump manifestaba durante su campaña presidencial en el 2016, que la inclusión de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC) había propiciado el cierre de 50,000 fábricas en EEUU. Lo cierto es que antes que China ingresara en la OMC el 11 de diciembre del 2001, existían 30 países que la superaban en intercambios comerciales. Una vez que China comienza a abrirse al libre mercado en 1978, pasa a ocupar el tercer lugar en el intercambio, hasta llegar actualmente a ocupar la primera posición.

En vista de la preponderancia actual de China y su potencial de derribar al dólar como patrón monetario mundial, EEUU se ha visto en la obligación de comenzar a adoptar medidas contundentes. Es así como el 6 de agosto el Presidente firmó una orden ejecutiva concediendo 45 días a los estadounidenses para dejar de hacer negocios con “ByteDance”, la firma china propietaria de la plataforma de videos TikTok, a la cual se le acusa de entregar datos de usuarios estadounidenses a Pekín.

Más recientemente, el 17 de agosto, se les solicitó a todas las empresas manufactureras del mundo que a partir del 14 de septiembre dejaran de proporcionar semiconductores hechos con tecnología americana al gigante chino HUAWEI. De igual forma, según Reuters, el Departamento de la Defensa ha sugerido el mismo tratamiento para el líder chino en esa tecnología, Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC). El Pentágono alega que esa firma trabaja con las Fuerzas Armadas Chinas y pudiera ser una amenaza a la seguridad nacional.

Estas acciones parecen razonables ya que la propiedad intelectual de EEUU no debería utilizarse en contra del país. Toda acción que se adopte para proteger los intereses de EEUU y la seguridad de sus ciudadanos, es importante.

Solo debemos preocuparnos del refinanciamiento de los bonos estadounidenses en poder de China. Puede ocurrir que China se niegue a refinanciarlos y exija el pago total al vencimiento de cada bono.

Por la parte geopolítica también debemos preocuparnos. Después de todo China es un país con 1,400 millones de habitantes.

Estas dos eventualidades, en conjunto con los actuales intereses económicos de Estados Unidos en China, sin duda condicionarán muchas de las acciones futuras que EEUU pueda ejercer.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de septiembre de 2020, 3:17 p. m..

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