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Comer carne o no comer carne, esa es la cuestión | Opinión

Un empleado de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) almuerza una hamburguesa en el Aeropuerto Internacional de Salt Lake City, Utah, el 16 de enero de 2019.
Un empleado de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) almuerza una hamburguesa en el Aeropuerto Internacional de Salt Lake City, Utah, el 16 de enero de 2019. AP Photo

Hace varios años un panel de expertos de la Organización Mundial de la Salud dictaminó que comer carne aumentaba el riesgo de contraer cáncer de colon. Aquella ominosa advertencia hizo que algunas personas limitaran su consumo. No debieron haber sido muchas porque los restaurantes de carne —al menos, aquí en Miami— siguieron estando llenos.

A lo que más se atrevieron los temerosos comensales de aquella época fue a ordenar sus bistecs well done en lugar de medium rare. Y eso fue todo. Nadie volvió a hablar del asunto.

Hasta ahora en que el consumo de carne vuelve a estar, aunque por razones diferentes, en los titulares. Ya no se trata de que “comer carne puede dañar su salud”. En esta ocasión se trata del impacto que la industria ganadera tiene en el calentamiento global: desde el gas metano que las flatulencias y eructos del ganado emiten durante su proceso de digestión hasta la contaminación y el deterioro del suelo que las fases productivas de la industria cárnica provocan.

Sin embargo, a pesar de su gravedad, la gente no tomó en serio las advertencias. No lo hicieron ni siquiera cuando la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU declaró que el ganado representaba el 10% de los gases de invernadero generados en todo el mundo por la actividad humana. Tampoco cuando el Foro Económico Mundial confesó, en su último informe anual, que habían fracasado en sus intentos por reducir esos peligrosos gases.

Al contrario, lo que ocurrió fue que las redes sociales explotaron con memes virales sobre las vacas y sus ventosidades. Algunos, aunque superficiales, eran verdaderamente ingeniosos. Otros, tremendamente ofensivos.

Los “influenciadores”, por su parte, no tardaron en trivializar el peligro a través de un humor procaz y escatológico y convirtieron una posible tragedia ambiental en tendencia pasajera.

Quienes sí tomaron en serio esas señales de alarma sobre el cambio climático —del cual la ganadería es también de alguna manera responsable— fueron compañías como Impossible Foods y Beyond Meat, que han estado trabajando en la elaboración de hamburguesas a base de proteínas de papa, trigo y aceite de soya, allanando así el camino para un futuro sin carne.

Un futuro que parece no estar muy lejos. Ya Subway tiene su Beyond Meatball, un sándwich hecho de chícharos, arroz integral y frijoles. Burger King ha estado vendiendo su Impossible Whooper sin carne desde el año pasado, mientras que McDonald’s pronto tendrá una hamburguesa de origen vegetal llamada McPlant que tiene a los veganos, un poco como los perros de Pávlov, salivando con anticipación.

De los antiguos emparedados BLT de “bacon, lettuce and tomato” hemos pasado, casi sin darnos cuenta, a los nuevos PLT de “plantas, lechuga y tomate”. Lo que parecía imposible se ha hecho realidad. Sí, la era de la “carne falsa” está llegando. Aunque no sin controversia.

En efecto, mientras unos la defienden, otros la atacan. Los primeros argumentan que su producción se fundamenta en la ética ecológica, el bienestar animal y el respeto al medio ambiente. Los segundos cuestionan sus ingredientes, la forma en que se procesa y afirman que no es más saludable que la carne real.

Está bien que los grupos que se vean afectados defiendan sus puntos de vista. Después de todo, es su negocio; uno muy lucrativo, por cierto: en Estados Unidos se consumen más de 24,000 millones de libras de carne al año.

Lo que los consumidores prefieran es ya otra cosa. Unos quizás esperen con ansiedad la llegada de una hamburguesa sin carne al establecimiento de comida rápida más cerca de su casa. Otros, los carnívoros a ultranza, ignorarán toda la controversia que la llegada de la “carne falsa” ha provocado y seguirán ordenando sus filet mignon y sus ribeye cocinados a su gusto.

Mientras tanto las vacas, al menos por ahora, seguirán pastando tranquilamente y lanzando al aire, sin importar la vía que utilicen, sus gases.

Manuel C. Díaz es un escritor cubano: manuelcdiaz@comcast.net. Su libro más reciente es “Escritores cubanos exiliados: sesenta reseñas literarias”, publicado por Ediciones Universal.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de marzo de 2021, 7:47 p. m..

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