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Lenguaje inclusivo, ¿debemos usar todes o todxs? | Opinión

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Escribir un artículo de opinión no es fácil. Debe comenzarse con una buena introducción y terminar con una contundente conclusión. Y entre una y otra, armar un texto coherente que posea continuidad, ritmo y concisión. Debe vigilarse también, entre otros muchos aspectos, el exceso fatal de gerundios y adjetivos.

Es, en fin, un proceso complejo. Y difícil para cualquier periodista. Qué no será cuando debamos preocuparnos, además, por utilizar un lenguaje inclusivo en cuanto al género, como exigen ahora algunos grupos feministas.

¿Tendremos acaso que escribir “todes” o “todxs” en lugar de “todos” para evitar no solo las definiciones de sexo sino también abarcar por igual a mujeres y hombres? ¿O quizás utilizar el desdoblamiento de género cuando nos dirijamos a quienes nos leen: “lectores y lectoras”?

No lo creo. Yo, por mi parte, seguiré usando el mismo masculino inclusivo que se ha venido empleando en lengua española desde El Quijote de Cervantes hasta nuestros días: “todo”.

En realidad, esto no es nada nuevo. Comenzó hace ya un tiempo con la tendencia a usar la letra “e” para evitar el tratamiento masculino único en palabras como “amigos” o “chicos”.

Consultada al respecto, la Real Academia Española fue contundente: “El uso de la letra ‘e’ como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario”.

Después de esa declaración, aquello de “amigues” y “chiques”, no prosperó ni siquiera en las redes sociales. Pero no por eso dejó de seguir siendo un asunto recurrente. En España, por ejemplo, hace apenas un par de años la vicepresidenta Carmen Calvo volvió a retomarlo al solicitar a la Real Academia Española un estudio sobre el buen uso del lenguaje inclusivo en la Carta Magna, argumentando que era el momento de que la Constitución tuviera “un lenguaje respetuoso con ambos géneros”.

En esa segunda ocasión, la “que limpia, fija y da esplendor al idioma”, después de examinar de forma minuciosa el texto constitucional, concluyó que el lenguaje utilizado en el mismo era claro e inteligible y que “no había razones gramaticales ni semánticas que obliguen a modificar la redacción”.

El tema, sin embargo, se niega a desaparecer. Es tanta la presión ejercida que hasta las Naciones Unidas ha considerado necesario imprimir un manual para que su personal utilice un lenguaje inclusivo en cuanto al género para evitar expresiones discriminatorias o con connotaciones negativas.

Pero la diplomacia es una cosa y la literatura y el periodismo otra. Hasta ahora ningún escritor famoso, que yo sepa, ha comenzado a utilizarlo. Al contrario, algunos lo consideran una aberración. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, ha declarado que “desnaturalizar el lenguaje porque se considera machista es una estupidez”.

Por su parte, el escritor y periodista Arturo Pérez Reverte, aunque ha declarado estar a favor del lenguaje inclusivo considera, al igual que el Nobel peruano, que decir “todes” es una tontería.

Lo cierto es que, a pesar de tener convenciones, la lengua española ha estado evolucionando constantemente para adaptarse a los tiempos. Pero una cosa es aceptar palabras nuevas, como ha estado haciendo desde siempre la Real Academia, y otra es tratar de reformar el idioma, como pretenden ciertos grupos activistas.

Y es que la utilización del lenguaje inclusivo no va a terminar con la discriminación de la mujer. Hay otras maneras y espacios donde combatir esa injusticia, como los emprendidos por las Naciones Unidas a través de su Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), recomendando que los Estados miembros tomen las medidas necesarias —ncluidas las de carácter legislativo— para garantizar que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres.

Los grupos feministas deben seguir luchando contra la discriminación de la mujer; pero no a través de una lengua sin género. Escribir “todes les amigues” no es la solución. Es, en realidad, una distracción del verdadero problema. Uno que no tiene nada que ver con la gramática.

Manuel C. Díaz es un escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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