En manos de los talentosos doctores y enfermeros latinoamericanos del Mercy Hospital | Opinión
Mi médico de cabecera, el brillante y humanitario Dr. Francisco M. Delgado, me recomienda consultar con otro facultativo distinguido, el gastroenterólogo Moisés Hernández, para estar seguro de lo que parece ser una hernia inguinal pequeña.
A este doctor no le queda duda y llama enseguida a un colega cirujano muy recomendable, de trayectoria cabal en estas lides, para que se ocupe del procedimiento.
Se trata del Dr. Leonardo Henríquez, hombre conversador, práctico, directo, sin muchos adjetivos, que inspira confianza, como prefiguro a un hombre de ciencias.
Luego de las investigaciones y preparativos de rigor, concertamos la operación en el Mercy Hospital de Miami, sitio entrañable para mi familia, junto a la Ermita de la Caridad del Cobre, donde nació mi segundo hijo, y hace años me reparé la arritmia, provocada por el estrés de la pérdida de un ser querido.
Es un hospital a la antigua, de atención personal, donde se impone la conversación cordial y la compasión.
En el largo y amplio salón, donde se preparan los pacientes, para sus respectivas cirugías, estamos separados por cortinas.
Se escucha a los médicos saludar y hacer chistes para bajar tensiones, mientras los enfermeros se ocupan, diligentes, de otros pormenores.
Hay más diálogo en español que en inglés, incluso los enfermeros americanos incursionan en la lengua de Cervantes. Nadie se acompleja ni se queja de tan singular circunstancia, ineludible en Miami. Todos tratan de hacerte sentir bien, de comunicarse, a como dé lugar, para despejar inquietudes y ansiedades.
El Dr. Henríquez es venezolano y reflexiono, qué suerte la de mi ciudad donde concurren y son bienvenidos tanto talento y gente buena, impelidos por la maldad que se entroniza en otros sitios.
Hay un doctor anestesiólogo de origen nicaragüense, que se educó en Cuba. Por un momento, el Mercy Hospital es imbuido por el panamericanismo que soñaron algunos próceres.
Durante la espera llega al pie de mi cama un enfermero cubano a quien había escuchado conversar sobre su vida con un paciente cercano.
Arribó en 1999 y se fue abriendo paso por algunos de los campus de mi entrañable Miami Dade College, de donde me he retirado hace dos años. Paradójicamente, el joven estuvo casado con una reina de belleza venezolana.
El enfermero se llama Héctor y cuando revisa mi tablilla informativa, me pregunta si soy hermano de Massiel. Le digo que sí.
Como si fuera una suerte de ángel, con la mágica faena de velar por mi bienestar, me dice que su mamá era muy amiga de mi madre, allá en la Habana del Este. Que se visitaban y eran como familia.
El repasa algunas singularidades de los Ríos: “Ustedes eran repatriados. Siempre nos llamó la atención”. Luego me pregunta: “¿Tu eres el que sale por televisión?”. Me habla sobre el suero que está a punto de aplicarme, de pastillas que debo tomar y me desea mucha suerte.
La doctora anestesióloga también se dirige a mí con afecto. No logro identificar su acento, pero queda todo en familia latinoamericana.
Otros dos enfermeros me llevan al salón de operaciones. Estoy consciente y miro los aparatos que, en breve, exploran mi interior para reparar lo que se ha desgarrado. La limpieza es prístina y la luz cegadora.
Despierto junto a mi esposa, quien tiene rostro de felicidad, luego de haber estado en contacto con el procedimiento quirúrgico mediante textos a su teléfono y una pizarra electrónica desplegada en el lobby de espera, donde la han mantenido al tanto de otros datos sobre la cirugía.
“I got your back”, dicen los americanos, rotundos, cuando están seguros de que velarán por cada una de tus necesidades.
En el Mercy Hospital, todos cuidaron minuciosamente mi espalda. En la primera consulta postoperatoria con el Dr. Henríquez mis respuestas a sus preguntas fueron siempre positivas, lo cual expresa, con hechos, su dominio de tan sanadora labor, porque la empatía y calidad humana, que lo distinguen, ya estaban a toda prueba.
Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2021, 0:25 p. m..