¿Volverá el individualismo cuando pase el duelo de Surfside? | Opinión
La catástrofe se desató de madrugada, como si el destino les hubiera querido robar la vida mientras soñaban.
Por horrible que parezca, ese es el único alivio que les queda a los familiares acongojados a la espera de noticias sobre sus seres queridos, tras el derrumbe en Surfside. “Que al menos no hayan sufrido”, imploran.
Nadie lo sabe. Todo es tan atroz y tan incierto. ¿Quedó alguien vivo entre los desaparecidos bajo las toneladas de escombros?
Apenas ocurrido el siniestro se oyó una voz femenina pidiendo auxilio, pero los rescatistas no lograron encontrarla y horas después ya no escuchaban sus lamentos. Qué angustia debió pasar esa mujer en sus momentos finales. ¿Quién sería? ¿Cómo habría sido su vida?
La palabra “angustia” proviene del latín “angustus”, o sea algo “angosto, estrecho, un abismo profundo”.
Bastaron solo 12 segundos para que muchas almas cayeran al abismo de las Champlain Towers South.
Aún para quienes consiguieron escapar fueron instantes infernales: 12 segundos … y toda una vida para olvidar.
Cuando la destrucción arrasa de esta manera, cuando todo son preguntas sin respuesta, el único refugio es recibir consuelo. Y éso no ha faltado.
Un torrente de consuelo solidario: de conocidos y desconocidos, de funcionarios locales, y del consolador en jefe Joe Biden, que al haber sufrido en carne propia tragedias familiares sabe confortar de corazón a quienes ahora lo tienen roto. Más de tres horas le dedicó a los dolientes en una reunión privada.
Nunca falta la solidaridad en Estados Unidos cuando ocurren infortunios. Ya sean naturales o provocados. Dentro o fuera de las fronteras. No hay que olvidar que somos el mayor exportador de solidaridad del planeta.
Como decía una antigua publicidad de cigarrillos, “es algo genuinamente americano”.
Tan genuino, desafortunadamente, como el individualismo que reina en la vida cotidiana.
Y no me refiero a tal o cual tendencia individualista reciente, o coyuntural, o que marque el signo global de los tiempos. No. El individualismo es la idea fundacional de EEUU. El único país fundado en una idea tan radical —que los ciudadanos pueden gobernarse a sí mismos— que no sabían si iba a funcionar y por eso se ha llamado “experimento”.
Cuando Benjamin Franklin caminaba saliendo de Independence Hall, después de la Convención Constitucional en 1787, alguién le preguntó: “¿Qué tenemos, una república o una monarquía?”; él respondió: “Una república, si logran mantenerla”. (“A Republic, If you can keep it”).
Aunque estuvimos a punto de perderla en la Guerra Civil, el “experimento” ha funcionado. Desde luego habría que matizarlo bastante, analizar los claros y sombras. Entre estos últimos está el, a veces, alto precio del individualismo.
La palabra en sí, reconozcámoslo, es un eufemismo para glorificar el egoísmo. Del que se derivan todas las patologías sociales con las que nos toca convivir, que son tantas que se asumen como “parte del sistema”.
Muchos, demasiados, han fusionado y confundido la libertad con el egoísmo. Adoptando la idea de que la libertad es un derecho que no requiere hacer un sacrificio por ningún otro ser humano.
Y a más individualismo menos sensibilidad social. Quiero decir sensibilidad con el de al lado, el amigo, entre profesionales… La suma de todas esas insensibilidades suele conducir a situaciones como la de Champlain Towers en las que parecen haber fallado varios eslabones en la cadena de responsabilidad.
Sin embargo, por esa ley no escrita en este “experimento” llamado Estados Unidos, siempre tras una catástrofe o crisis brota un manantial de solidaridad. A modo de contrapeso natural.
Acabamos de celebrar el 4 de Julio ensombrecido por la tragedia en Surfside, quizá este año el mejor acto de patriotismo y la mejor forma de honrar a las víctimas sea independizarnos del individualismo.
Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.