Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Miami solidaria con la tragedia de Surfside | Opinión

Continúa la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros el miércoles. 30 de junio de 2021, en el sitio del derrumbe del edificio de condominios Champlain Towers South, en Surfside, Florida.
Continúa la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros el miércoles. 30 de junio de 2021, en el sitio del derrumbe del edificio de condominios Champlain Towers South, en Surfside, Florida. jiglesias@elnuevoherald.com

Por estos días, estamos viviendo una de esas jornadas tristes para nuestra comunidad. Apenas vamos saliendo de la encerrona que le debemos al COVID-19, con su origen aún sin dirimir, y ocurre otro hecho tan improbable como lo fuera la pandemia en sus días más aciagos, el derrumbe parcial de un edificio en Estados Unidos.

He leído que accidentes de esta índole ocurren, generalmente, en puentes o edificaciones en construcción, pero muy poco probable en propiedades de vivienda activas, donde son requeridas, por ley, todas las inspecciones que garanticen la seguridad de los inmuebles.

La mayoría de los medios de prensa cubren profesionalmente, y con la compasión requerida para estos casos, el lamentable incidente, mientras otros siembran cizaña, mediante fantasiosas especulaciones, como para ponerle traspiés a nuestra comunidad que ha sabido capear los temporales de la naturaleza, los de la salud, y hasta los políticos, que son puestos en solfa en otras regiones del país.

Cuatro de los nueve derrumbes más letales, entre los años 1922 y 2019, de Estados Unidos, ocurrieron en edificios que no se habían terminado de construir. Los otros se debieron a imponderables de la naturaleza, así como a errores humanos.

Es cierto que Miami es un conglomerado urbanístico joven, de acuerdo con los parámetros que rigen a otras ciudades fundacionales de la Unión, pero la manera que ha madurado resulta ostensible.

La fuerza que rige esa capacidad de levantarse ante lo imprevisible anida en la diversidad de inmigrantes que defienden la llamada “Ciudad Mágica” contra viento y marea.

La gran mayoría de estas personas escaparon de regímenes totalitarios insufribles en sus respectivos países de origen y no conciben, como los cubanos o los nicaragüenses, por mencionar dos ejemplos notables de comunidades constructivas, que deban volver a comenzar en otros sitios insospechados del mundo donde, sin duda, no serán recibidos con la misma hospitalidad que en Estados Unidos.

Los dramáticos casos de fallecidos y desaparecidos que ya se van conociendo del edificio Champlain, componen un corte transversal de nuestra sociedad tan particular, que no se asemeja a ninguna otra en Estados Unidos.

Las fotos manifiestan personas felices y realizadas por ser residentes de nuestra Miami especial, viviendo junto a uno de sus más entrañables atractivos, la inmensa línea de playa, primorosamente cuidada, como existen pocas en otros sitios de la Tierra.

Hay precursores de la transformación experimentada por Miami desde los años 60 en esas imágenes, como la del anciano que una vez regresó a disputar la libertad de Cuba en la gloriosa Brigada 2506, y otros que también buscaron su modo de ser libres y plenos, aportando al progreso de nuestra sociedad y economía, que tanto depende de la laboriosidad probada de los miamenses por adopción.

En los viajes que he podido realizar por el mundo, partiendo de mi vecindario de Westchester, luego de escapar de la isla cárcel en que el castrismo convirtió a mi país, me vanagloria decir que soy de Miami, cuando curiosos preguntan de dónde provengo. Entonces los rostros de esos interlocutores se iluminan porque vivo en un lugar con encanto, envidiable, que arrastra sus propios mitos.

Luego, por supuesto, viene el momento de mencionar mi cubanidad, como un valor cultural agregado a la conversación, a lo cual sumo la explicación de cómo he podido expresarla y cultivarla, hasta en sus más mínimos hechizos, gracias, precisamente, a vivir en Miami.

La tragedia en Surfside es un recordatorio dramático de que debemos seguir haciendo todo lo humanamente posible, para proteger nuestro más importante recurso: “el miamense” y quienes nos visitan con tanto ahínco, porque no hay muchos lugares del mundo, para pasarla bien, amparados por el orden y la civilidad de la gran democracia americana.

Ahora mismo, todos los mejores y más sofisticados recursos tratan de mitigar las pérdidas humanas irreparables. El absurdo de la muerte inesperada e injusta se demora para encontrar cabida en la racionalidad de quienes la sufren desde la vida.

La tristeza nos embarga, es tema de conversación en círculos familiares y de amistades. Los que padecen necesitan saber que pueden contar con nuestra solidaridad y oraciones, tan necesarias en momentos de pura incertidumbre y dolor.

El tradicional cálido abrazo de Miami comienza en los rescatistas y se extiende a nosotros, que nos identificamos plenamente con todos los que han perdido seres queridos en la tragedia.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA