Estados Unidos en peligro de perder el control de la pandemia | Opinión
Las personas que se han negado a vacunarse son las causantes de la actual ola de contagios.
Sucedió delante de mí, en la fila para pagar la compra en un supermercado de Miami. La cajera, con el rostro cubierto por una mascarilla, como casi todos los presentes, saludó a la señora que me precedía en la fila. Era una señora muy mayor, también enmascarada.
–¡Cuánto tiempo sin verla! –dijo la cajera–. ¿Dónde ha estado?
La señora se encogió de hombros.
–Es que me dio la COVID –explicó con resignación–. Y también a mi esposo. Los dos estuvimos malísimos, ingresados en el hospital. Nos salvamos de milagro, gracias a Dios.
–¿Pero no se habían vacunado? –preguntó la cajera.
–No –respondió la señora.
No pude contenerme y me entrometí en la conversación.
–¿Y ya se han puesto la vacuna? –quise saber.
La señora me miró y movió la cabeza en gesto negativo. Creí ver en sus ojos una expresión de culpa.
Molestos con los que no se han vacunado
Según un artículo de CNN del 31 de julio, muchos norteamericanos que se han vacunado contra el coronavirus están molestos con los que se han negado a ponerse la vacuna. En mayo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la principal autoridad sanitaria de los Estados Unidos, anunciaron que las personas que habían recibido las dosis completas de las vacunas podían dejar de usar mascarillas (excepto en ciertos lugares, como hospitales, aviones y medios de transporte público) y en general vivir como antes de la pandemia, sin restricciones.
Pero la variante delta del coronavirus —mucho más contagiosa— comenzaba a extenderse por la nación como un reguero de pólvora. En julio, el número de nuevos contagios aumentó 400% con respecto a junio. A fines del mes, los CDC dieron marcha atrás e indicaron que los vacunados debían volver a usar la mascarilla en interiores, especialmente en lugares con gran concentración de personas, propicios para la transmisión del virus.
Razones ilógicas
Los que desde el principio de la pandemia habían seguido las instrucciones para protegerse y proteger a los demás y corrieron a inmunizarse en cuanto las vacunas estuvieron disponibles, ahora se sienten molestos con los que se negaron a vacunarse. Las razones para la negativa eran diversas e ilógicas: desde un microchip inventado por Bill Gates, el creador de Microsoft, inoculado secretamente junto con la vacuna, con el fin de controlar a la población, hasta el temor a daños en el organismo causados por la vacuna. Algunos incluso creían que la vacuna magnetiza, que convierte a los inmunizados en una especie de imanes que pueden atraer objetos de metal, un disparate difundido en las redes sociales.
Pese a la amplia disponibilidad de las vacunas, hasta ahora, según los CDC, solo se ha vacunado completamente el 50% de la población norteamericana, mientras, a modo de comparación, en España más del 57% ha recibido la dosis completa. En la Florida, la cifra es del 49%. En otros estados —Alabama, Mississippi, Georgia, Arkansas, Tennessee y Oklahoma— menos del 40% de la población está vacunada. En cambio, en estados del Noreste como Massachusetts y Vermont, el índice de vacunados supera el 65%.
“Es realmente una pandemia entre los no vacunados”, dijo hace unos días el doctor Anthony Fauci, asesor de la Casa Blanca en enfermedades infecciosas.
Si no se vacuna, no entra
Mientras los hospitales vuelven a llenarse en muchos estados con pacientes de COVID, aparecen propuestas estrictas para que la nación no pierda el control de la pandemia. En la ciudad de Nueva York —como en varios lugares de Europa—, se requerirá prueba de vacunación para entrar en todos los restaurantes, gimnasios y lugares de entretenimiento bajo techo. El alcalde Bill de Blasio dijo a principios de agosto: “Si usted no está vacunado, lamentablemente no podrá participar en muchas actividades”.
El relativamente bajo índice de vacunación en Estados Unidos y el peligroso avance de la variante delta exigen medidas radicales para no seguir dando marcha atrás. Los que no se han vacunado son los causantes de la actual ola de contagios y se extiende la convicción de que es a ellos a quienes deben imponerse restricciones. La medida tomada en Nueva York es acertada.
Andrés Hernández Alende es un escritor, periodista cubanoamericano y ex editor de la sección de Opinión de el Nuevo Herald. Su obra más reciente es Biden y el legado de Trump, publicado por Mundiediciones.