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La mitología de ‘Thanksgiving’ | Opinión

La celebración de Thanksgiving, Día de Acción de Gracias, esta rodeado de mitos. Sin embargo, el motivo de dar agradecimiento por lo que tenemos sigue siendo muy importante. 
La celebración de Thanksgiving, Día de Acción de Gracias, esta rodeado de mitos. Sin embargo, el motivo de dar agradecimiento por lo que tenemos sigue siendo muy importante.  Unsplash

Mis padres nacidos y criados en Galicia, España, la llamaban la fiesta del pavo. Y tenían toda la razón, porque el Thanksgiving americano glorifica una comida producto de la cosecha y de los alimentos de la región donde se establecieron los peregrinos ingleses en Plymouth. Hay un estimado de que había por lo menos 10 millones de pavos en América cuando llegaron.

Allí vivían los Wampanoag, pobladores originales por más de 12,000 años. La leyenda dice que la primera fiesta de “acción de gracias” fue con estos habitantes que ayudaron a los peregrinos. Pero según David Silverman lo describe en su libro Esta tierra es su tierra: los indios Wampanoag, la colonia de Plymouth, y la problemática historia de Thanksgiving (This Land Is Their Land: The Wampanoag Indians, Plymouth Colony, and the Troubled History of Thanksgiving), “la mayor parte de esta historia es un mito plagado de errores”. En sus raíces lo que sucedió fueron masacres, enfermedades, y políticas de enemistades tribales.

Que en el día de hoy se siga refiriendo esta poderosa tradición anual a demostrar una gran amistad y generosidad de los indígenas, como si entregaran sus tierras a los colonizadores, es uno de los mitos mayores de los estadounidenses. Una ficción.

La historia de esta nación muestra los horrores que los inmigrantes ingleses cometieron contra todas las tribus indígenas, que aún sobreviven para contarlo.

Lo que se ha glorificado en los Westerns hollywoodenses. Y cómo hubo discriminación implacable contra inmigrantes posteriores, de Europa y de países al Sur de la Frontera, aunque muchos de habla hispana estaban aquí primero. Y, sobre todo, la abyección a la que sometieron a los que vinieron encarcelados en botes desde África, comprados a mansalva.

La Estatua de la Libertad en el puerto de la Ciudad de Nueva York es otro mito americano, porque los 12 millones que pasaron por Ellis Island, en Nueva York, y luego residieron en las calles de los barrios pobres de esa ciudad, por muchos años víctimas del hacinamiento, el prejuicio y el maltrato, no tenían tanta libertad.

Aunque gracias a que este país se basa en adelantar por los méritos, y no por los apellidos o la hacienda, hemos podido ascender en la escala social todos los inmigrantes que nos aprovechamos de las oportunidades que se nos ofrecieron,

Pero decir o proclamar que a América hay que hacerla grande otra vez es el mito mayor. Ya que lo que hay de bueno en América ha sido la esperanza en el futuro, “el sueño americano”.

Nuestro sistema de consulta popular, y el triunfo de la opinión de las mayorías es cómo hemos dado alas al progreso social, la verdadera razón por la cual dar gracias.

Los que se abrazan a los prejuicios asumen un modo perverso de ganar, un proceso inventado por los políticos y los guetos sociales para eliminar posibles contendientes.

Cuando llegué a Filadelfia —cuna de las libertades en EEUU— en 1964, y habiendo visto inteligentes catedráticas ejercer en la Universidad de La Habana, me quedé pasmada de que no las hubiera en la de Pennsylvania, adonde fui a estudiar. Esa fue mi primera sorpresa y batalla.

Antes de que consiguiéramos la primera profesora permanente en las aulas no había ninguna grandeza en América y eso ocurrió en 1971. Lo conseguimos con “el fenómeno de mayor alcance de los 60, el feminismo”, como afirmó el poeta mexicano y premio Nobel Octavio Paz, cuando lo entrevisté en 1996.

Otra batalla permanente de esta sociedad ha sido contra los prejuicios de género en todos los sentidos, todos los aspectos diversos de la sexualidad, que se sabe no se relacionan con la moral ni la religión, sino con la naturaleza individual.

Y pensar que el color de la piel tiene la facultad de separarnos es otra aberración. La gente dice que no debemos pagar hoy por las culpas de los esclavistas del pasado. Pero si seguimos actuando como ellos seguimos siendo culpables. Porque ser racista o prejuiciado contra las etnias es ser esclavista.

Por eso hay que decirles la verdad a los jóvenes estudiantes acerca de la verdadera historia de Estados Unidos. Por ejemplo, que no bastó haber liberado a los esclavos con la Guerra Civil, porque en 1964 los negros en Filadelfia, y en todo el Nordeste, y mucho más en el profundo Sur, eran aún muy discriminados. Ellos también tuvieron su despertar. Sin embargo, la sociedad sigue parcialmente dividida, en parte, porque la unión debe venir también de las familias.

Dar las gracias en Thanksgiving es la única fiesta americana que trasciende las religiones y las procedencias de los inmigrantes. Todos la celebramos y eso nos une. Sigamos celebrando por los avances a los que hemos llegado y con la esperanza de un futuro de mejor salud, unión y paz, a pesar de las diferencias de fe, raza, género y opinión. Y no nos dejemos engañar por los mitos.

Olga Connor es una escritora cubana. Correo:

olconnor@bellsouth.net.

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