Legisladores republicanos en Florida lanzan la etiqueta de comunista, mientras promueven la censura | Opinión
Cualquiera que haya pasado un solo día en el sur de Florida comprende ciertas dinámicas culturales, incluida la frecuencia con la que se emplea la palabra comunismo. Desafortunadamente, la mayoría de los países latinoamericanos en un momento u otro han sufrido golpes a manos de los dictadores comunistas y eso ha dejado cicatrices comprensibles en sus inmigrantes.
El régimen de Fidel Castro en particular fue una abominación absoluta en innumerables formas, incluida la destrucción de un hermoso país y el caos entre generaciones de cubanos (tanto en la isla como en los que emigraron). Por lo tanto, es comprensible que los inmigrantes cubanos sean ferozmente alérgicos al comunismo, maldiciendo las promesas fallidas y lamentando sus desastrosas consecuencias.
Sin embargo, lo que no es aceptable es que aquellos que conocen los peligros del comunismo actúen de manera perjudicial contra otros y lo hagan hipócritamente en nombre de la libertad, ya que etiquetan a cualquiera que no esté de acuerdo con ellos como “comunista”.
Estas cicatrices se remontan a 60 años atrás, a la primera ola de cubanos inmigrantes en 1960, y en muchos sentidos se han profundizado desde entonces. El fallido intento de golpe de Estado de John F. Kennedy en Bahía de Cochinos creó una desconfianza duradera hacia el Partido Demócrata.
Durante muchos años, la comunidad cubana en Miami se inclinó fuertemente hacia el republicanismo, lo que creó un incentivo para que todos los políticos de derecha conformen a sus seguidores políticos con ataques agresivos a los “comunistas” de izquierda. En resumen, crearon una cámara de eco viciosa y un espectáculo triste.
Un ejemplo clásico son los leales al expresidente Donald Trump que llaman comunistas al expresidente Barack Obama y actual mandatario Joe Biden. Cualquiera que soportó el dolor del régimen de Castro debería ser más sensato. El libro de jugadas de los dictadores comunistas incluye tomar el poder de todas las palancas del gobierno, intentar silenciar a la prensa libre, lanzar ataques personales a los oponentes e instigar a la violencia. Ahora le pregunto, querido lector, ¿eso suena más como Barry, Joe o Donald?
Más recientemente, esta misma hipocresía se está extendiendo al tratamiento de la comunidad LGBTQ, con una tendencia deprimente de políticas arraigadas en el odio, la intolerancia y la censura, todo mientras se afirma que todos los opositores son comunistas.
El Proyecto de Ley 1557 de la Cámara de Representantes de Florida/Proyecto de Ley del Senado 1834 tiene el nombre eufemístico “Derechos de los padres en la educación”, pero tiene como objetivo silenciar a los niños y maestros homosexuales al prohibir los temas de sexualidad y género. La premisa es que algunos temas no son “apropiados para la edad o el desarrollo de los estudiantes”.
Ya existen políticas en nuestros sistemas escolares que permiten a los padres excluir a sus hijos de temas que consideran inapropiados. Sin embargo, este proyecto de ley va demasiado lejos al convertir en un arma la discusión inclusiva sobre las personas LGBTQ al borrarlas por completo y luego permitir que los padres anti-LGBTQ presenten demandas y busquen daños y perjuicios.
Al igual que el “No pregunte, no diga”, que ha recibido críticas en todo el mundo desde su aprobación en la década de 1990, este proyecto de ley utiliza la censura para legitimar los prejuicios y crear una nueva generación de personas perseguidas. De igual manera, el proyecto de ley 747 de la Cámara de Representantes amplía la capacidad de los médicos para rechazar el tratamiento de los pacientes, lo que podría conducir rápidamente a la discriminación transgénero (especialmente dadas las creencias personales de los legisladores que proponen la ley).
Aquí hay una profunda experiencia compartida. Como mexicano-americano, empatizo con las vicisitudes del viaje de la comunidad inmigrante cubana. Como miembro de la comunidad LGBTQ, aplaudo todos los esfuerzos por sacar a la luz los abusos de los derechos humanos (incluido el célebre movimiento inspirado por la canción Patria y Vida, que lucha contra la censura y la opresión).
Cuando nos enfrentamos a cualquier fuerza dictatorial, debemos unirnos como comunidad para defender lo que es correcto y llamar las cosas por su nombre. El comunismo es una premisa fallida y ha conllevado reiteradamente a terribles consecuencias, pero no se parece al Partido Demócrata de hoy que, en su mayor parte, promueve una plataforma de inclusión y respeto.
Es trágico que los legisladores ataquen los derechos inherentes y la dignidad humana de las personas, al mismo tiempo que lanzan insultos obsoletos a sus oponentes. La próxima vez que sientan la necesidad de llamar a alguien comunista, en lugar de un micrófono, deberían agarrar un espejo.
Orlando Gonzales es el director ejecutivo de Safeguarding American Values for Everyone | SAVE Foundation.