Los estudiantes LGBTQ y sus aliados pueden levantarse, expresarse y hablar más alto | Opinión
Una carta abierta a los niños LGBTQ:
La rana René (Kermit the frog, en inglés) dijo que no es fácil ser verde. Pero si él piensa que eso es difícil, René debería intentar ser ustedes. Tener la piel de color aguacate tiene que ser muy fácil en comparación.
Ser ustedes, sin embargo, requiere lidiar con simulacros de tiroteos activos y mandatos de uso de mascarillas mientras se navega la dinámica familiar, la política del comedor escolar y la incomodidad de vivir en un nuevo cuerpo que crece, da el estirón y se comporta mal en toda clase de formas vergonzosamente creativas. Y eso es antes de llegar al tema LGBTQ y todas las complicaciones que conlleva.
Más difícil aún, algunos de ustedes viven en la Florida de Ron DeSantis.
Como ya habrán oído, el gobernador ha apoyado el proyecto de ley llamado “Don’t Say Gay” (No digas gay) que está avanzando ahora en la Legislatura estatal. Dice que un maestro no puede “fomentar” la discusión de la orientación sexual o la identidad de género “en los grados de educación primaria o de una manera que no sea apropiada para la edad o el desarrollo de los estudiantes”.
Como han señalado los críticos, la vaga redacción hace que sea teóricamente posible restringir la discusión de temas LGBTQ no solo ante los niños pequeños, sino ante cualquier niño. Después de todo, ¿qué significan “apropiada para la edad” y “apropiada para el desarrollo”? ¿Y quién decide?
El presidente Joe Biden respondió contra lo que calificó un proyecto de ley “aborrecible”. “Yo los voy a proteger”, dijo.
Esta nota es solo para decir que yo también lo voy a hacer. Solo puedo imaginar lo aislante y solitario que debe sentirse, en la incomodidad de sus años de adolescencia, que un gobernador declare que su identidad sexual es tan anormal que no se puede discutir en la escuela, justo cuando más necesitan hablar de ello. Si hay algún profesor en el que confíen, ahora estaría infringiendo la ley si le hacen una confesión.
Pero esta táctica no es inusual. De hecho, silenciar es ahora una estrategia republicana rutinaria. De diversas maneras y en distintos escenarios, los miembros del Partido Republicano han tratado de restringir las conversaciones sobre todo tipo de temas, desde el aborto hasta las armas, pasando por el cambio climático y la teoría de la evolución. En 2012, los legisladores de Michigan exiliaron a un colega demócrata de la Legislatura por usar la palabra “vagina”. Y ni siquiera empecemos con la historia afroamericana.
Esta es solo otra página del mismo manual de jugadas. Cobardes que se meten los dedos en las orejas en lugar de enfrentarse a realidades con las que no pueden lidiar.
Lamento que el mundo sea así, pero lo es. Así que necesito que se cuiden los unos a los otros. Mantengan el valor de ser auténticos e individuales. Encuentren la comunidad que los valora y los valida, y que los acepta como son.
La buena noticia es que encontrarán que la mayoría del resto de nosotros estamos ahí con ustedes. En cuanto a los que no lo están, bueno, tienen que reconocer que existen algunas personas cuya aprobación no se supone que deban tener o querer, cuyo rechazo deberían llevar como una insignia de honor. Ron DeSantis, por ejemplo. Él se codea con los islamófobos, no se atreve a criticar a los nazis, ataca a los inmigrantes indocumentados y les dice a los votantes que no “hagan el tonto” apoyando a su rival afroamericano. Si ustedes le agradaran a este sujeto, ¿podrían seguir gustándose a sí mismos?
No, si son quienes creo que son.
Y si lo son, no dejarán que este proyecto de ley insultante quede sin respuesta. Acudirán a las redes sociales y, si son mayores de edad, a los centros de votación. Impondrán campañas de boicot económico a quienes apoyen leyes como esta.
En otras palabras, alzarán la voz y harán que quienes los odian, los escuchen. Esa es su única opción cuando la gente intenta imponerles el silencio:
Hablar más alto.
Leonard Pitts Jr. es un columnista galardonado del Miami Herald.