Mientras la izquierda pierde el juicio, los líderes de la Florida muestran sentido común | Opinión
Hace poco me divertí leyendo un análisis de noticias que sugería que el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, un “maestro de la emisión de mensajes”, había sido “superado por el lema de tres palabras ‘Don’t say gay’ (No digas gay)“.
DeSantis fue superado con esa frase de la misma manera que el capitán del Titanic superó al iceberg.
Está claro que la frase no refleja la realidad de la legislación. No es “No digas gay”. Es “No te pongas en el plan de la doctora Ruth con niños de 5 años”.
Y cualquier persona con un poco de prudencia puede comprender fácilmente que instruir sobre el sexo a niños desde el jardín de infantes hasta el tercer grado no solo es una carga enorme e injusta para los maestros, sino que también priva a los padres de una prerrogativa fundamental.
Ese “cualquiera” incluye a los floridanos, que favorecieron el proyecto de ley por márgenes considerables en dos encuestas recientes. Pero no incluye a los líderes de la izquierda. Expresado sencillamente, están fuera de la realidad.
A diferencia del timonel más infame de la historia, la izquierda finge no darse cuenta de que su barco político hace aguas, porque sus líderes, haciendo uso de lo que la secretaria de prensa del gobernador denominó “sentido común”, no se dan cuenta de que los cánticos provocativos de consignas radicales no son un salvavidas electoral.
La falta de sentido común no solo implica el adoctrinamiento de los niños pequeños, sino que marca el enfoque de la izquierda en la mayoría de los temas. Pero cuando se discute con la realidad, se pierde el 100% de las veces, y la mayoría de los votantes se dan cuenta ahora de que la izquierda no está en contacto preciso con la realidad; a propósito o no.
Tomemos como ejemplo la negación por parte de la izquierda de las explicaciones claras y directas sobre la repetición de la estanflación de los años 70. La negación de los duros efectos del aumento de los precios de la gasolina y del creciente costo de los alimentos. Se trata de un impuesto regresivo oculto, que impone mayores cargas a los menos afortunados.
Como subrayó el destacado economista Stephen Moore en una reciente entrevista conmigo, la administración de Biden primero afirmó que no había inflación, que la gente “solo la inventa”.
Luego que era “transitoria”. Luego la demanda pandémica reprimida. Luego, cuellos de botella en la cadena de suministro. Y, más recientemente, las facturas de energía desorbitadas que provocan aumentos extravagantes de los costos de todo, desde los huevos hasta los automóviles, son el resultado del “alza de precios de Putin”.
Pero, una vez más, como señala Moore, execonomista jefe de la Heritage Foundation, “la mayoría de los estadounidenses” saben exactamente qué es lo que realmente está causando el alza récord de los precios de producción y los máximos generacionales del IPC. “La inflación es bastante sencilla: Es cuando se vierte más dinero en la economía”, dice.
Moore añade: “Hemos añadido entre $3 [billones] y $4 billones de deuda solo desde que la administración de Biden llegó al poder... y la Fed está imprimiendo más dinero para pagarlo”. Incluso la gente común y corriente “entiende que no se puede seguir pidiendo prestado y pidiendo prestado. No puedes seguir cargando tu tarjeta de crédito y esperar que la historia tenga un final feliz”.
“Esto es lo que hacen los países del Tercer Mundo cuando entran en una crisis de deuda”, dice.
La verdad real: La situación actual refleja una afirmación hecha por el entonces candidato Biden en mayo de 2020, en pleno COVID. “No tenemos un problema de escasez de alimentos: tenemos un problema de liderazgo”.
Un problema de liderazgo que asuela a los estados y ciudades azules; con un desempleo, por ejemplo, de la friolera del 7.6% en la Ciudad de Nueva York frente al 3.3% en el Estado del Sol.
Contrasta la experta navegación por las aguas turbulentas de los dos últimos años por parte de los dirigentes de la Florida. Insistieron en enfoques inteligentes ante el COVID que incluían la máxima protección de los más vulnerables y la libertad de los demás; lo más importante, preservando el derecho de los emprendedores a dirigir un negocio y el derecho de los empleados a trabajar. Hay una razón por la que la Florida representa ahora casi el 17% de todas las nuevas empresas de Estados Unidos. Es porque DeSantis se da cuenta de que los ciudadanos tienen más éxito cuando ellos –y sus familias– son más libres.
Los líderes en la Florida se negaron a usurpar el control y la elección de los padres cuando se trata de la educación de nuestros hijos. Sin ver la raza, o la diferencia socioeconómica, todos los padres importan, y solo ellos están en la mejor posición para decidir lo que es mejor para sus hijos.
Las políticas de sentido común llevarán a la Florida a la prosperidad económica y a una mayor libertad personal. Dejando a un lado las frases hechas, la libertad importa, tanto en la educación como en nuestro bienestar económico.
Podemos ver con orgullo cómo nuestro estado sigue subiendo en todas las métricas de calidad de vida, fuerza económica y, simplemente, sentido común, algo que parece faltar en la mayoría de los líderes de la izquierda en todos los ámbitos.
Edward J. Pozzuoli es el presidente del despacho de abogados Tripp Scott, con sede en Fort Lauderdale.