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Que los maestros enseñen y los padres se ocupen de las preguntas de género de sus hijos | Opinión

Muchos maestros se están desgastando al tener que lidiar con los problemas sociales en el aula.
Muchos maestros se están desgastando al tener que lidiar con los problemas sociales en el aula. Associated Press

La nueva ley de la Florida sobre la discusión de la orientación sexual y la identidad de género en las escuelas ha generado mucho debate sobre lo que los maestros pueden o deberían decir sobre temas delicados.

Pero hay algo más que es necesario decir: toda la conversación demuestra cómo esperamos demasiado de las escuelas y no lo suficiente de los padres.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, practicando para su futura actuación como comentarista, recibió críticas por lamentar que la ley de la Florida genere dudas sobre lo que debería decir un maestro a un niño que dice “no estoy seguro de si soy una niña o un niño”.

Añadió en declaraciones a Chris Wallace, de CNN: “Estos son niños que están viviendo, ya sabe, estos momentos en sus vidas”.

¿Qué tal si el maestro no dice nada? Si el niño se cuestiona realmente su género, dígaselo a los padres. Es un asunto que hay que tratar en casa.

Sí, hay algunas situaciones en las que un niño estará en peligro si mamá o papá se enteran de que tiene preguntas sobre la identidad de género o la sexualidad. Pero eso es un problema de los padres. Y hemos dejado que demasiados padres pasen apuros durante demasiado tiempo, acumulando más necesidades de la sociedad en las escuelas.

Así que no es de extrañar que discutamos por cómo tratar asuntos privados en un entorno público.

Durante la pandemia, una de las principales preocupaciones sobre el cierre de las escuelas era cómo asegurarse de que los niños tuvieran suficiente comida fuera de la escuela. E incluso en tiempos normales, algunas escuelas envían comida a casa con los niños durante el fin de semana. Algunas ofrecen servicios de lavandería.

Hay una palabra para una institución que alimenta y viste a los niños, y no es “escuela”. Es “orfanato”.

Si los padres realmente no pueden proveer, por supuesto que el Estado debe intervenir en nombre del bienestar del niño. Pero también necesitamos programas para ayudar a los padres a hacerlo mejor, y más apoyo a las instituciones que pueden ayudarles. La primera sería el matrimonio.

Demasiados maestros están desgastados y frustrados. Demasiadas escuelas fracasan en los aspectos básicos de la educación, en parte debido a la misión tan extensa que les hemos encomendado.

Si la reducimos, no tendremos que pelearnos tanto por lo que los maestros deberían decir o no.

Ryan J. Rusak es editor de opinión del Fort Worth Star-Telegram.

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Esta historia fue publicada originalmente el 28 de abril de 2022 a las 5:58 p. m..

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