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Jorge Ramos: Gobierno de Trump apuesta por la propaganda. Y perdió | Opinión

Agentes federales detienen a un manifestante que estaba protestando en contra de las violentas redadas antiinmigrantes, el martes 3 de febrero de 2026, en Minneapolis, Minnesota.
Agentes federales detienen a un manifestante que estaba protestando en contra de las violentas redadas antiinmigrantes, el martes 3 de febrero de 2026, en Minneapolis, Minnesota. AFP via Getty Images

Esta vez, las mentiras no funcionaron.

Por más que el gobierno del presidente Donald Trump trató de falsear la realidad, los videos de testigos en redes sociales no lo permitieron. Desde varios ángulos vimos cómo al menos cuatro agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieron en esta ciudad a Alex Pretti, un enfermero de 37 años. Luego, sin que él pusiera resistencia, lo tiraron al piso y le dispararon una decena de veces. Ahí quedó muerto.

Pretti estaba grabando en su celular la operación de los agentes y, aunque iba con una pistola, tenía permiso legal para cargarla, nunca la sacó ni amenazó con ella a quienes acabaron por matarlo. Gracias a los muchos testigos, que también estaban grabando el ataque con su teléfono, hoy sabemos que la muerte de Pretti, un ciudadano estadounidense, fue un aberrante abuso de poder.

Para asegurarse de que los videos que vemos en las redes sociales sean verdaderos y no creados falsamente con inteligencia artificial, el diario The New York Times tiene un equipo de Investigación Visual. Y luego de analizar lo ocurrido en las calles de Minneapolis concluyeron lo siguiente: “Un hombre ejercitando su derecho a expresarse, como dice la Primera Enmienda de la Constitución, fue tirado al piso y agentes federales les dispararon hasta matarlo”. (“A man exercising his First Amendment rights was wrestle down and shot dead by federal agents”)

Estos son los datos. Lo demás son las increíbles mentiras de funcionarios del gobierno que intentaron, sin éxito, culpar a la víctima de su propia muerte. Tontamente, con sus absurdas declaraciones, trataron de hacernos creer que lo que estábamos viendo con nuestros propios ojos no era cierto. Apostaron por la propaganda, no por la verdad, y perdieron.

Stephen Miller, el asesor presidencial, marcó línea a las pocas horas del atentado y dijo que la víctima, quien trabajaba en la unidad de cuidados intensivos de un hospital para veteranos de guerra, era en realidad un “asesino” potencial.

Greg Bovino, el jefe de la patrulla fronteriza y cuyos agentes fulminaron a Pretti, aseguró que el cordial enfermero quería “masacrar” a sus agentes y causarles el “máximo daño” posible.

Y Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, aseguró sin ninguna evidencia que la víctima era parte de una operación de “terrorismo doméstico”. (Lo mismo dijo Noem cuando 17 días antes otro agente de ICE mató de tres tiros a Renee Good, una estadounidense, madre de tres niños.)

Estas mentiras oficiales tenían como propósito justificar la violencia extrema de los agentes federales. De nada sirvió. Los videos de civiles y voluntarios fueron más poderosos que las vacías palabras de la Casa Blanca y sus funcionarios. Trump, acorralado por la incompetencia y crueldad de sus agentes y asesores, ya no se atrevió a criticar públicamente a Pretti y sacó de Minnesota a los agentes involucrados y a su jefe, Greg Bovino.

Pero el encubrimiento continúa. Tardaron días en identificar a los agentes enmascarados y, en este clima de impunidad, pocos creen que alguna vez sean acusados formalmente y presentados ante un juez. Hasta el momento, dos han sido suspendidos. Eso es todo.

Para los periodistas, este caso es una gran lección de lo que no debemos hacer cuando el gobierno miente. Sería un gravísimo error periodístico solo dar las dos versiones de lo ocurrido, asignándoles a ambas el mismo peso, para balancear la noticia y dejar que el lector juzgue. ¿Por qué? Porque las dos versiones no son equivalentes. Una, que vimos con nuestros propios ojos, muestra a agentes federales atacando y matando impunemente a un civil; la otra, es una serie de mentiras, sin ninguna evidencia, para salvarle la cara a un gobierno sin control y que ataca a sus propios ciudadanos.

Si esto les pasa a personas nacidas en Estados Unidos, que se oponen pacíficamente a los abusos de poder del presidente Trump, imagínense lo que le ocurre a los inmigrantes latinos, con y sin papeles, cuando agentes encapuchados, sin identificarse y sin orden de captura, se aparecen con armas de guerra en una casa, en una escuela o en una corte. Esta es una ciudad aterrorizada. Muchos latinos que he conocido prefieren no hablar y esconderse para proteger a sus familias. Pero esta no es forma de vivir. Los inmigrantes que llegaron a esta super fría metrópolis lo hicieron para superarse, para contribuir, no para quedarse congelados por el miedo a ICE.

Sin embargo, Minneapolis es una ciudad muy solidaria. Me emociona hasta las lágrimas el ver a ciudadanos de Estados Unidos salir a las calles a defender a inmigrantes que apenas conocen. La única y honorable estrategia de resistencia ha sido armarse con celulares y silbatos para niños, y con la convicción de proteger a otros seres humanos.

Ante la duda, cuando no sepas si lo que dice el gobierno es cierto, confía en lo que ven tus ojos. Esa es la mejor manera de acercarse a la verdad.

Jorge Ramos es un inmigrante, escritor y periodista independiente. Tiene dos podcasts en YouTube (Así Veo Las Cosas y The Moment). Por 38 años fue presentador del Noticiero Univision.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de febrero de 2026, 1:59 p. m..

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