Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

UVA DE ARAGÓN: Italia en mi corazón

La gente camina por planchas de madera colocadas en la plaza de San Marcos, en Venecia, durante una inundación causada por la marea alta.
La gente camina por planchas de madera colocadas en la plaza de San Marcos, en Venecia, durante una inundación causada por la marea alta. AP

Cuaderno de viaje. Roma, la ciudad eterna. Huellas de tres milenios de historia sobre las siete colinas. La grandiosidad y horror del Coliseo y el Circo Massimo. Las murallas aurelianas. El Vaticano, la Basílica de San Pedro, centenares de iglesias y la mezquita más grande de Europa. Palazzos, arcos, amplias plazas. Fuentes, acueductos, el río Tíber. Áreas verdes. La Roma moderna: tráfico endemoniado, motonetas, miles de turistas. Lo íntimo: una callecita, un café al aire libre, macetas de flores en un balcón, un delicioso gelato. Y un músico callejero que entona una melodía…

Umbría: valles y montañas. Orvieto, ciudad etrusca sobre una roca, antiguo centro cultural donde enseñó Santo Tomás de Aquino. Una impresionante catedral del siglo XIII de estilo gótico temprano. Y de nuevo, lo pequeño: un puesto de frutas frescas, un viejo que toma el sol, niños de la escuela que desfilan alegremente. Assisi, la basílica con frescos sobre la vida de San Francisco. El patio central del convento. Desde lo alto, la magia de las luces de la noche en el valle.

Florencia, la Atenas de la Edad Media, cuna del Renacimiento: la catedral y su famosa cúpula. La estatua de David de Miguel Ángel. No hay foto que le haga justicia a esta escultura que observo extasiada. Recorro las calles de Firenze (Florencia) con los ojos de mi madre, pues era su ciudad favorita de Italia. En el dedo pulgar llevo un anillo que le compró aquí mi padre en 1950.

En cuanto puede verse desde el barco a Venecia, sé que no me he equivocado. No podía morir sin visitar esta maravilla de ciudad, hoy de aguas azules y claras, que nos recibe con un cielo sin nubes. Antiguo poderoso centro de comercio en el mar Adriático, construida sobre pilares de madera, Venecia enfrenta en la actualidad un sinfín de dificultades, pero ninguna hace disminuir la alegría incomparable de disfrutar de un cappuccino en la Piazza San Marco y pasear en góndola por el Gran Canal. Otra embarcación nos lleva a la pintoresca isla de Burano, donde gustamos de un memorable almuerzo a base de delicias del mar.

Visitamos también Padua, la ciudad de San Antonio; Verona, y el balcón de Romeo y Julieta; Milán, con su catedral y museo de la Scala. El plácido lago Cuomo entre montañas, Bellagio y la Villa Melzi con sus espléndidos jardines traen paz al espíritu. Un tren rápido nos lleva en pocas horas hasta Nápoles. Llegamos con tiempo suficiente para ver el Museo Antropológico y cenar en el pequeño malecón frente al mar. Capri nos regala la magia de la Grotta Azzura (la Gruta Azul) y una visita a la Villa de San Michelle de Axel Munthe, cuyo libro marcó mi adolescencia. De regreso a Roma, una audiencia con el Papa Francisco. Rezo por mis seres queridos y la paz en el mundo. Fue el único día que llovió, como si el cielo se emocionara conmigo.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de noviembre de 2015, 11:00 a. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: Italia en mi corazón."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA