PEDRO CORZO: 20,805 días en la oscuridad
Cinco décadas, un lustro, dos años e innumerables días, son lo que llevan Fidel y Raúl Castro explotando a Cuba y a los cubanos.
Un largo tiempo de pesar. Una vergüenza para cualquier pueblo. No honra a ninguna nación padecer una dictadura de un solo día, ni pensar la pena de cincuenta y siete años.
Una vergüenza que se acrecienta cuando se aprecia que restan cubano dentro y fuera de la isla que apoyan a un régimen dinástico en pleno Siglo XXI, le justifican y realizan todos los esfuerzos posibles para que sobreviva.
Los hermanos Castro consideraron que al triunfar la insurrección, la isla y sus habitantes, pasaban a ser una especie de botín de guerra que podían usufructuar a su antojo, lo que explica porque Fidel cuando se hartó de desgobernar el país, se lo entregó a Raúl como si fuera la finca Manacas que el padre de ambos tuvo en Birán.
Fidel Castro irrumpió en la vida pública a través del pandillerismo. Aprendió manipular el miedo y las ambiciones de los otros, como lo muestra el acierto que tuvo en la selección y manejo de los incondicionales que le sirvieron durante cuarenta y seis años.
Sin la subordinación absoluta de tantos secuaces, incluida la de su sucesor, no le hubiera sido posible conducir el país como un campamento, en el que siempre primó la voluntad y los intereses del caudillo y su horda.
Los días y noches del castrismo han sumido a los cubanos en una tiniebla toxica que ha corroído los valores ciudadanos, al extremo que el concepto de nación enfrenta una seria crisis existencial.
La propaganda del régimen que Cuba y los cubanos estaban en la cúspide del progreso, se transformó en un profundo sentimiento de frustración, según el individuo experimentó fracasos y constató mentiras.
La legalidad impuesta por los Castro favoreció la ejecución moral y física. Se fusiló en cementerios y en patios de escuelas. Se implantó el terror. Se militarizó la sociedad. La intolerancia y la sumisión a las consignas fueron se hicieron normas. Se impuso un paradigma nacional que promovía el odio y el tableteo de las ametralladoras.
Decenas de miles fueron a prisión. Miles más partieron al exilio. Desapareció la libertad intelectual. Una especie de nueva devoción impuso sus propias tradiciones, cultos, lutos y fiestas
El pudor se escabulló en la promiscuidad y la prostitución fue aceptada socialmente. La delación se convirtió en práctica social. Lo importante era resolver y sobrevivir, sin importar lo que se entregaba en el empeño.
Fidel y Raúl Castro dejan un horroroso legado. Una profunda frustración en el sector de la sociedad que trabajó y creyó en un proyecto que ha dejado el país en ruinas, junto al sufrimiento de los que enfrentaron el sistema sin éxito, y una desesperanza que agobia a la mayoría ciudadana.
El futuro está amenazado y corroído por las enseñanzas y prácticas del totalitarismo. La crisis de civilidad está en las raíces de la nación. Las normas de convivencia, respeto a las discrepancias y hasta de urbanidad, fueron execradas por el gobierno, al extremo que han intentado infructuosamente restaurar lo que destruyeron.
Los civilistas de la isla tienen un gran trabajo por delante. Cambiar el sistema no será fácil, quebrar los privilegios de la clase dirigente o lograr que hagan dejación de ellos será complicado, tal vez estéril, pero más arduo será laborar para que los ciudadanos adquieran conciencia de sus derechos y deberes, un empeño de titanes, si se considera que la mayoría de los cubanos nacieron bajo la perniciosa sombra de los hermanos Castro.
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de diciembre de 2015, 2:01 p. m. with the headline "PEDRO CORZO: 20,805 días en la oscuridad."