A propósito de los supuestos monstruos de Coral Gables
Leyendo el interesante artículo de Lance Dixon del pasado domingo, donde consta que vecinos de Coral Gables piden retirar dos esculturas metálicas de la artista neoyorquina Alice Aycock, instaladas en pequeñas rotondas de la calle Segovia por considerarlas antiestéticas, ajenas al estilo de la ciudad, feas, caras, monstruosas, chocantes, abrumadoras y hasta peligrosas para choferes distraídos, me vinieron a la memoria detalles de los inicios de la Torre Eiffel.
Sería bueno que los protestantes actuales supieran que en febrero de 1887 (dos años antes de ser inaugurada), en carta abierta firmada por más de trecientos creadores artísticos destacados tildando a la torre de Gustave Eiffel de monstruosa e inútil, aparecían nombres como Alejandro Dumas (hijo), Paul Verlaine y Guy de Maupassant, y a pesar de que miembros de ese grupo escribieran líneas tan virulentas contra la elevada edificación, como calificarla “esqueleto de hierro gigantesco y deforme”, de “ridícula chimenea de fábrica”, y peor aún, “de supositorio acribillado de hoyos”, no impidieron que la futura famosa torre se irguiera en el Campo de Marte durante la primavera de 1889, como homenaje a la Exposición Universal de París, que coincidía con la conmemoración del primer siglo de la Revolución Francesa.
Para sombro y frustración de sus detractores, el supuesto esperpento metálico de Eiffel se convirtió inesperadamente en el principal símbolo de la propia Francia.
Severino Puente
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de septiembre de 2016, 8:18 p. m. with the headline "A propósito de los supuestos monstruos de Coral Gables."