Tragedias deportivas
Desde el domingo 25, Miami se encuentra sumida en dolor y estupor ante el intempestivo y trágico deceso de José Fernández, pitcher estrella de los Marlins.
Ahora bien, teniendo en cuenta la joie de vivre característica de José, se puede suponer que él desearía que nadie se encerrase en prolongado luto. Su voluntad sería que todos, familiares, Marlins y fanáticos, vuelvan a la normalidad lo antes posible, llevando adelante sus proyectos de vida con todo entusiasmo.
Si alguien toma la muerte de José como suceso luctuoso indigerible, recuerde que la historia abunda en casos de atletas fallecidos en la flor de la edad. La juventud es arriesgada.
Si trágica se percibe la muerte de José, ha habido pérdidas más desgarradoras todavía. Hubo un país que perdió en un solo día todo un equipo de béisbol. Sucedió el 11 de enero de 1948 en República Dominicana. Los jugadores de Santiago de los Caballeros regresaban en un avión Douglas H1-6, después de haber jugado en Barahona, cuando la nave chocó contra una loma en la zona de Río Verde; murieron todos los ocupantes, entre ellos más de treinta deportistas. Eso fue un golpe rudísimo para todo el pueblo quisqueyano.
Como anécdota curiosa, un par de peloteros perdieron el vuelo. Uno de ellos fue Enrique Lantigua, buen receptor (catcher). Lantigua, apodado “el mariscal”, se salvó de morir aquel día, pero falleció septuagenario en 1985.
Y así la muerte llega por accidente o enfermedad a todos los nacidos. El morir pertenece al vivir como al caminar pertenece tanto levantar el pie como ponerlo en tierra.
No hay alternativa entre morir o no morir. Pero quien tiene una visión trascendente de la condición humana escoge vivir bien, al menos en fidelidad a la conciencia moral, para morir bien, con fundada esperanza de alcanzar misericordia.
Eduardo M. Barrios, S.J.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de septiembre de 2016, 3:08 p. m. with the headline "Tragedias deportivas."