El entrañable recuerdo de las tiendas El Encanto
Por más de medio siglo del exilio cubano, hay historias de dolor y de perseverancia personales, varias de ellas no conocidas y otras que no han sido ampliamente divulgadas, aunque todas son de personas que han tenido que dejar su tierra natal emigrando a distintos países que los han acogido y donde han prosperado notablemente. Hay un grupo de personas que se han mantenido unidos a un recuerdo grato de su juventud cuando laboraban para una empresa inigualable, ese es el caso de los antiguos empleados de las Tiendas por Departamento EL ENCANTO de Cuba.
Esa organización, que esta formada por empleados de sus sucursales, franquicias, talleres, fábrica de perfumes, departamento de confección de vidrieras y almacenes, se reúnen cada cuarto domingo de octubre en un almuerzo Re-Encuentro y el sábado anterior en una misa de recordación, con familiares y antiguos clientes.
Vienen de distintas ciudades y países, se comunican continuamente desde el mismo día en que arribaron a tierra de libertad, la mayoría a los Estados Unidos, Puerto Rico y España. Editan una revista llamada Don Julio, llena de fotos del ayer y de los éxitos familiares en el exilio, con artículos de los miembros que reciben la revista.
Con la inspiración del antiguo empleado Rosendo Rosell, los exitosos documentalistas Alicia y Hugo Barroso confeccionaron un documental de media hora, donde se narra una pequeña parte de la historia de esa empresa que se inició en 1888, cuando los fundadores acordaron que las ganancias serían repartidas entre los empleados y la empresa. Así, ese llamado dividendo fue otorgado cada mes de septiembre hasta el 13 de octubre de 1960 en que la empresa fue despojada de sus legítimos dueños, que en parte eran los propios empleados.
Es encomiable que después de más de medio siglo de que la empresa desapareciera, sus empleados la sigan recordando con cariño y se estimen entre ellos con esa misma amistad que siempre han demostrado.
En la actualidad a esas reuniones no solo acuden los antiguos empleados y clientes, sino también sus hijos, nietos y biznietos, que disfrutan de ese evento lleno de recuerdos y de cariño. Por eso estamos muy orgullosos de ser parte de ese grupo, por haber tenido la suerte de trabajar para esa empresa que tiene un nombre que refleja lo que cada uno sentimos al laborar en ella: un encanto.
Olga y Darío Miyares
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de octubre de 2016, 6:30 a. m. with the headline "El entrañable recuerdo de las tiendas El Encanto."