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Cartas

El fantasma de Hoover

Edgar Hoover, el primer director del FBI que ayudó a fundarlo en 1935, permaneció como tal hasta su muerte en 1972. En su larga carrera consolidó este organismo como poderosísimo instrumento contra el crimen. Al mismo tiempo sobrepasó sus funciones y utilizó su poder contra disidentes y activistas políticos. Sus intrigas e incluso chantajes han sido reconocidos por más de un presidente. Harry Truman dijo que Hoover transformó el FBI en su policía secreta privada y Richard Nixon declaró que no le despidió por temor a represalias de él.

La carta enviada al Congreso por el actual director del FBI, James B. Comey, en relación con emails en el ordenador del marido de una asistente de la secretaria Clinton no se justifica. El anuncio a once días de las elecciones, con la segura afirmación de ignorar si el contenido es significativo o si acaso roza a la candidata demócrata, y la advertencia adicional de un prolongado suspenso en torno a una larga e incierta investigación despiertan justificadas sospechas. En todo caso, esta bomba de humo propagandístico que lanza el director del FBI en este momento culminante de la campaña electoral y que podría incluso ser determinante para favorecer a uno de los candidatos no deja dudas respecto de la incompetencia e irresponsabilidad con la que el señor Comey ha manejado todo este asunto. Peor aún, en caso de que no haya primado la incompetencia, parecería que el fantasma del astuto y ambicioso Edgar Hoover vaga de nuevo por las oficinas del FBI.

Andrés Pérez

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de noviembre de 2016, 3:38 p. m. with the headline "El fantasma de Hoover."

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