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Cartas

La media

Había una vez, hace muchos años, más de medio siglo, que un grupo armado derrocó la dictadura de un dictador llamado Fulgencio Batista. Todos esperaban un cambio nuevo y positivo. Una revolución justa y necesaria.

Pero no fue así. Todo lo contrario. Las leyes y derechos fueron abolidos y dictados por el capricho del “libertador”. La verborrea populista cercenó la razón. Las consignas agresivas recorrieron las calles: ¡Abajo la gusanera! ¡Paredón! Las cárceles se llenaron de rejas y sangre.

La prensa libre salió en defensa de la libertad y los derechos humanos. El dictador las llenó de “coletillas” y consignas: “Abajo la prensa colonial”. “Abajo la prensa imperialista”. Poco a poco las voces más prominentes y dignas fueron censuradas y enterradas simbólicamente con el sarcófago del Diario de la Marina: Abajo la prensa imperialista. Abajo la prensa latifundista. Que se vaya “Dubua” el de las orejas “pelúa”.

La prensa era la culpable de la miseria del pueblo. La prensa estaba asociada con los yanquis. La prensa tenía toda la culpa porque no decía lo que el tirano quería. Pero si no hay prensa no hay libertad. Indignamente para llenar el espacio de la prensa crearon Granma, una prensa sometida y sin oposición, como les gusta a los dictadores. Salieron los mimeógrafos de los sótanos a confrontar la dictadura y nos encarcelaron a todos y se acabó la libertad.

No sé, si muchos lo habrán olvidado, porque han pasado tantos años. ¡Más de medio siglo! Y Cuba sigue sin libertad y con Granma, una prensa sometida. ¡Ah! Me olvidaba aclararles que en Estados Unidos a la prensa la llaman la media.

Gerardo Rodríguez Capote

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2016, 8:15 a. m. with the headline "La media."

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