La victoria de Trump era claramente previsible
El factor más importante de esta elección presidencial fue la poca o ninguna atención que los estrategas de Hillary Clinton prestaron a las señales de alarma de las elecciones del 2010, 2012 y 2014.
Para entender la lógica del resultado actual debemos repasar la rotunda victoria de Obama en el 2008 cuando logró 65.9 millones de votos y capturó el Senado y la Cámara. El presidente Obama percibió que tenia un mandato popular para “cambiar fundamentalmente a Estados Unidos”. Su agenda, de profundo contenido de izquierda, incluyó medidas de fuerte impacto en una economía débil, entre ellas: un pliego de regulaciones de los senadores Dodd y Frank, la ley Obamacare, más de $2.7 trillones en nuevos gastos gubernamentales y leyes reduciendo drásticamente la extracción de carbón y petróleo que dañaban importantes empresas de estados industriales que empleaban muchos votantes demócratas moderados.
La respuesta del electorado a esa agenda llegó en las elecciones del 2010 donde los demócratas perdieron la Cámara de Representantes con una baja participación de 39 millones, unos tres millones menos que en la elección de medio término anterior. A pesar de esa pérdida, el presidente continuó con “su pie izquierdo firme en el acelerador” y, aunque logró reelegirse en el 2012, obtuvo cuatro millones de votos menos que en el 2008.
Ni el presidente ni el partido demócrata dieron importancia a la lenta y pobre recuperación económica e ignoraron que, importantes segmentos de la clase media trabajadora, solo encontraba empleos con menos salarios y beneficios, y que los altos impuestos estaban cerrando industrias tradicionales en estados importantes. Había un significativo aumento de personas en la pobreza y recibiendo sellos de alimentos.
La última señal de alarma apareció en las elecciones intermedias del 2014 donde los demócratas perdieron también el Senado. De los 29 millones de votos del 2010 bajaron a 21 millones. En la Cámara perdieron también tres millones de votos.
Las tendencias de menor participación de votantes demócratas era indiscutible. Las encuestas decían, consistentemente, que un 66% veía el país “por un rumbo equivocado”. Sin embargo, Hillary, en lugar de enfocar su campaña en “corregir los problemas que afectan al pueblo estadounidense”, optó por presentarse como “la continuadora” de las políticas del presidente Obama y hasta afirmó, en un debate, que “el país estaba en magníficas condiciones” y que mantendría “los progresos alcanzados por el presidente”. Su mensaje era “soy más de lo mismo”.
El día de las elecciones la situación nacional tenía a 1 de cada 7 personas dependiendo de sellos de alimentos, entre ellos: Florida 17%, Michigan 17%, North Carolina 16%, Ohio 15%, Wisconsin 15% y Pennsylvania 14%. Hillary perdió todos esos estados. Además, una tasa de desempleo del 16% de los jóvenes y 8.2% de afroamericanos. La deuda nacional en un récord de $20 trillones.
El declive de cuatro millones de votos de Obama del 2008 al 2012 era predecible también para Hillary en el 2016, especialmente para una candidata con menos lustre que Obama y con serios problemas éticos.
Muchos analistas se “tragaron” las ventajas que dudosas encuestas de medios periodísticos parcializados daban a Hillary, sin verificar que usaron muestreos (samples) de votantes que no correspondían con la realidad del país (encuestaban muchos más demócratas que republicanos). La encuestadora IBD, que había acertado las últimas tres elecciones presidenciales, daba el día de las elecciones un 1% de ventaja a Trump. Los estrategas demócratas no previeron el decreciente voto demócrata ni creyeron a las encuestadoras balanceadas. Ahí estuvo su equivocación.
Luis Zúñiga
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2016, 6:43 p. m. with the headline "La victoria de Trump era claramente previsible."