Nos alegramos de su muerte
¡Claro que sí! Nos alegramos de la muerte de la bestia de Birán que ensangrentó América latina. Pasa tristemente a la historia con la misma categoría que Stalin o Hitler. Una vida dedicada a la maldad. Creció estimulado por el resentimiento social producto de su nacimiento bastardo.
En la Universidad de la Habana se instruyó, practicó y se graduó en gangsterismo político, de moda en ese centro en la época donde los dirigentes iban al centro de estudios armados, se enfrentaban a tiros en la calle, se eliminaban entre ellos, y las elecciones a cargos directivos estudiantiles se hacían bajo amenaza, violencia y chantaje, todo lo cual aprendió y perfeccionó hasta convertirlo en un arte que manejó con habilidad el resto de su vida. Fue dedicado prácticante del método jesuita aplicado a la política. Siendo muchacho en Santiago, en el colegio se enfrentó a un profesor a quien mordió y golpeó. No lo quisieron aceptar de regreso al colegio. Sus padres decidieron que no continuara sus estudios y se quedara con ellos en la finca. Entonces amenazó a su padre con incendiar la casa. Así empezó su vida de matón, que jamás hasta su muerte cambiaría, contra sus propios padres, en su casa, mala sangre; consiguiendo sus deseos a base de golpes y amenazas. Le gustaba que lo llamaran caballo (salvaje) porque lanzaba coces imprevistas.
La terrible vida de Fidel Castro sirve también para poner al descubierto la falta de moral y el oportunismo de tantos políticos y líderes religiosos a nivel mundial, que ante sus atrocidades contra el pueblo de Cuba y sus intervenciones en otros países (en todos aun en los USA de quien se burló cuanto quiso) o que consiguió convertir en colonias suyas como Venezuela, Chile y Nicaragua, volvieron la vista a otro lado y callaron ante sus crímenes. Más bien muchos de estos pseudo dirigentes fueron periódicamente a rendirle pleitesía a Cuba, unos por miedo otros por complicidad, pero todos de acuerdo.
Con la muerte de la bestia no todo ha terminado, queda la otra bestia con su historia de crímenes y su cementerio particular, Raúl Castro y su caterva de acólitos. No mencionar este detalle es crimen de lesa humanidad.
Ojalá los cubanos que al principio exaltaron a Fidel y lo entronizaron, hayan aprendido la lección.
Ignacio Cardoze, Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2016, 5:31 p. m. with the headline "Nos alegramos de su muerte."