Se murió el perro, pero sigue la rabia
¡Al fin murió! No estoy celebrando, ¿Para qué? El mal ya está hecho, y por lo menos irreversible en la vida que me queda. ¿Triste? Muchísimo menos. Sí siento un alivio de que tuve la suerte de poder ser testigo de la muerte de uno de los personajes más malvados de la historia. Muchas personas han muerto tratando de huir de la cárcel/nación que Fidel usurpo, han sido fusiladas o que abandonaron una vida de trabajo y sacrificio en busca de libertad. Afortunadamente, a pesar de los “tontos útiles” que todavía lo adoran y que creen en las falsedades de la propaganda fidelista, la historia lo condenará como a Stalin y Hitler.
Aún en el presente escucho comentarios de algunos reporteros del “legado” del castrato por haber dado al pueblo independencia, educación y cuidados de salud gratis, que según estos ignorantes gozaban solamente la “élite” del país. La Cuba de hace 60 años ofrecía educación primaria, secundaria y universitaria a todos los ciudadanos. Existían hospitales de socorro, de emergencia, de maternidad y geriátricos. Los médicos en su mayoría ejercían por vocación, no buscando fortunas, y daban servicio a precios módicos, muchos de gratis y visitaban los hogares. Existían mutualidades donde se ofrecía ayuda a cambio de un pequeño aporte mensual. Existía libertad de expresión, de reunión, de viaje, de la prensa, radio y televisión. La economía estaba basada en una pujante y creciente clase media, de agricultores, pequeños negocios, comerciantes e industriales, que a diferencia de ahora tenían toda la protección legal como dueños. Quizás exista con el nuevo gobierno de este país una oportunidad de hacer ver a los herederos del poder, Raúl y la jerarquía militar, que toda ayuda a ellos cesara y que todo futuro acercamiento será a cambio de una apertura en los derechos humanos, con estimulo a la creciente población que desea trabajar con independencia.
Para acabar con la rabia, la apertura tendrá que comenzar proporcionando garantías legales a los dueños de negocios, no licencias de operarios, y permitiendo voces opositoras. Dentro de poco la élite gobernante acompañará al jefe Fidel en la soledad del infierno. Los jóvenes herederos, civiles y militares, tendrán la palabra. ¡Veremos!
Miremos al futuro. Murió el perro, pero la rabia que azota a la población de ese país prosigue.
Fernando J. Milanés, Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2016, 5:32 p. m. with the headline "Se murió el perro, pero sigue la rabia."