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Cartas

El fin del tirano

Los cubanos en el exilio sienten satisfacción por la muerte de Fidel Castro y es comprensible, murió el hombre (dictador) que dividió familias, empobreció y enlutó al pueblo cubano, el hombre que por décadas se mantuvo en el poder antidemocráticamente por medio de la fuerza y el engaño, el hombre que trabajó toda su vida por llevar su revolución a otros pueblos de América y el mundo, causando también en esos pueblos dolor, luto y pobreza.

Son muchos los cubanos afectados directamente por la división y separación de las familias y las consecuencias económicas y políticas que su revolución representó para el pueblo de Cuba. Pero su desaparición física no significa que debemos sentirnos satisfechos, por una razón muy sencilla: Fidel Castro murió, pero no porque fue derrotado a pesar que su experimento social es un rotundo fracaso. Fidel Castro murió tranquilamente, asistido de los mejores cuidados médicos que hoy no están al alcance del pueblo cubano; murió en la tranquilidad de su hogar rodeado de su familia y colaboradores, condición que negó a millones de cubanos víctimas de su brutal represión. Recibirá los más altos honores que una personalidad mundial pueda esperar, sin merecerlo. No fue nunca juzgado ni condenado por tribunal alguno por sus conocidos crímenes hacia el pueblo cubano y su agresión a otros pueblos de América y África.

La muerte de Fidel Castro, aunque puede acelerar el fin de su funesta revolución, no representa de manera inmediata un cambio significativo para la libertad de Cuba y el fin de ese régimen nefasto. Ya el mal está hecho y no se pudo evitar. Fidel Castro no verá el fin de su fracasado experimento social y tampoco será castigado en vida por sus crímenes y desmanes.

Sin embargo, como un último agravio al pueblo cubano, las cenizas de Fidel Castro serán depositadas para su “descanso eterno” en el cementerio de Santa Ifigenia, al lado de los grandes héroes de la patria, lugar donde descansan héroes de la grandeza del Apóstol José Martí, Carlos Manuel de Céspedes –conocido como el padre de la patria–, Perucho Figueredo y docenas de otros grandes héroes que lucharon contra el colonialismo español. Patriotas cubanos que si hubieran coincidido en época con Fidel Castro, serían irrevocablemente sus enemigos más acérrimos. Una vez más, Fidel Castro perturba el descanso eterno del Apóstol José Martí, al usar su nombre y grandeza histórica para obtener un salvoconducto a la inmortalidad de los grandes Héroes de la Patria.

José M. Izquierdo

Hialeah

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2016 a las 3:12 p. m. con el titular "El fin del tirano."

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