Fidel: los unos y los otros
La muerte esperada se produjo el viernes 25. Esperada por la edad avanzada que tenía Fidel y por el gradual pero progresivo deterioro de su salud durante más de diez años. Su figura se agigantó en la historia de nuestro continente y aún más allá en la segunda mitad del siglo pasado.
Unos lo critican y entre esos, no pocos lo repudian e incluso lo han odiado a muerte. Sus críticos lo califican de dictador. Y en efecto abrazó el régimen comunista, que se reconoce como dictadura del proletariado y resulta siempre en la dictadura de un caudillo que la ejerce como secretario general del partido único. La ley que implantó no reconoce otra justicia que la de conservar el poder absoluto. Para ello Fidel no titubeó desde el inicio y derrochó fusilamientos, prodigados mediante paripés de juicios sumarísimos.
Despojó a propietarios cubanos y extranjeros de sus posesiones para construir un paraíso popular, pero el país latinoamericano que encabezaba la región junto con Argentina fue sumido en la miseria extrema y llegó a emular económicamente con las penurias de Haití. Fidel promovió la violencia revolucionaria como una epidemia por muchos países de la región. Y hasta a África fueron a morir miles de cubanos en una guerra ajena, impelidos por la invulnerable presión social que supo tejer con eficacia genial desde el principio. Esto se llamó solidaridad internacionalista pero le animaba una egolatría terriblemente enfermiza.
Otros lo veneran y tienen sus razones para ello. Su propósito de hacer primar la justicia social empezó proporcionando las viviendas a los inquilinos. Primero el techo y enseguida después la educación y la salud. La expansión y el desarrollo que se produjo en salud y educación no tuvieron parangón en el mundo. Si bien terminaron resquebrajándose cuando se acabó el sustento que proveía la Unión Soviética, la generosa gran madrina.
El orgullo nacionalista fue especialmente cultivado por el carismático líder y es un componente innegable de su veneración en la isla. El orgullo antiimperialista, únicamente antiestadounidense, hizo lo mismo a nivel internacional con millones de idólatras alrededor del mundo. Contribuyó decisivamente a la liberación de Namibia y en la guerra de Angola. Hay otras razones con mucho de verdad que justifican la admiración de esos otros.
Fidel Castro afirmó que José Martí fue el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada aquel 26 de Julio. Ese día inició su camino a la Historia.
¿Qué pensar ante los dichos de unos y de otros? Yo opto por una frase un tanto olvidada que deslizó el apóstol en la crónica Oscar Wilde de sus Escenas de Estados Unidos y que la escribió en Nueva York en 1882. Júzguenla y aplíquenla a la realidad cubana de los últimos 57 años: “El hombre ama la libertad, aunque no sepa que la ama y viene empujado de ella y huyendo de donde no la hay”.
Andrés Pérez
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2016, 3:51 p. m. with the headline "Fidel: los unos y los otros."