Cartas

El Ártico amenazado

Ese vasto territorio con un ecosistema único, se encuentra amenazado de muerte. El cambio climático producto de la contaminación ambiental está degradando la zona y para colmo de males la poderosa industria petrolera la tiene en la mira.

Con el fin de proteger dicha región de un peligroso impacto, el presidente Barack Obama prohibió la exploración de yacimientos de gas natural y petróleo en el 98% de la superficie federal del océano Ártico, ante lo cual las compañías han pedido a Donald Trump que revoque esta medida, considerada por ellas unilateral.

Las enormes capas de hielo flotante se derriten ante el nombramiento del magnate petrolero Rex Tillerson, presidente de ExxonMobil, como secretario de Estado. Tillerson, galardonado por Vladimir Putin con la Orden de la Amistad, firmó un acuerdo con Rusia para perforar conjuntamente con ExxonMobil en el Ártico.

Los osos polares tiemblan luego de ser nombrado Rick Perry como secretario de Energía. Perry, director de una empresa de energía petrolera, es partidario de la expansión de oleoductos, ha rechazado regular las emisiones de carbono y llegó a proponer la eliminación del Departamento de Energía.

Las frías aguas del Ártico se calientan con la cercana presencia de Sarah Palin, exgobernadora de Alaska y candidata a la vicepresidencia en 2008. Palin tendría la oportunidad de retomar su encendido grito de guerra petrolero: “Perfora, bebé, perfora”.

Los ambientalistas estamos preocupados por estas designaciones y por las gravísimas consecuencias que ocasionarían a este delicado ecosistema un desastre como el ocurrido en Alaska, cuando en 1989 el buque petrolero Exxon Valdez encalló derramando millones de litros de crudo, tragedia que contaminó la zona causando inmensas pérdidas ambientales y económicas que repercuten hasta el día de hoy.

Ante estos graves antecedentes económicos, los republicanos, cual marea negra, amenazan convertir la blanca y helada superficie del Ártico en una contaminante plataforma petrolera bajo la anuencia mancomunada de Trump y Putin.

Edwin Villasmil

Miami

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