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Cartas

La mala fe

Cuando actuamos de mala fe, somos conscientes de ello porque nadie puede ignorar la responsabilidad de sus actos. No podemos engañar a nuestra propia conciencia.

Si cometemos un delito, no podemos justificarlo, no podemos defendernos legalmente diciendo que no sabíamos que se trataba de una falta, pues se da por sentado que todos los seres humanos podemos diferenciar el bien del mal.

Se entiende que actuar de mala fe es hacer a otros aquello que no nos gustaría que nos hicieran. Por consiguiente, es imposible equivocarnos porque en el fondo sabemos lo que es correcto y lo que no.

Cuando cometemos un mal, quizás dejándonos llevar por un impulso momentáneo, debemos tratar de repararlo lo más pronto posible, en la misma medida, pidiéndole perdón a quien le causamos daño.

Toda acción mal intencionada nos causa un desequilibrio emocional que la conciencia se encarga de acusarnos.

El poder del arrepentimiento y el perdón, a veces, cicatriza las heridas y hace que intentemos ser mejores seres humanos y procuremos evitar hacer el mal.

El arrepentimiento nos hace ver la vida de manera diferente, nos transforma en personas más humildes y borra el odio que atormenta nuestros corazones.

Algunas veces, las enfermedades del cuerpo y de la mente se manifiestan en un conflicto emocional no resuelto porque se han ignorado los dictados de la conciencia que se mantienen vivos en nuestro subconsciente causándonos dolor, angustia y frustración.

La mala fe es un sentimiento negativo que destruye los valores éticos del ser humano.

José M. Burgos S

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de marzo de 2015, 7:00 a. m. with the headline "La mala fe."

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