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Cartas

¡Bienaventurados los de ‘pies secos’!

¡Dichosos los cubanos que desde los tiempos del presidente Clinton llegaron a los Estados Unidos con los pies secos hasta el día en que Obama puso fin a su status de inmigrantes predilectos!

Pongamos un ejemplo: Aterrizaba en Canadá una familia cubana, matrimonio y dos menores, con pasaporte español; acto seguido se encaminaban hacia la frontera. Allí muestran el documento español y el pasaporte cubano. Las autoridades de Inmigración les anexan una tarjeta que dice “Paroled” firmada por el US Department of Home Security con un número de “alien” (extranjero). Y pasan a territorio estadounidense a pie enjuto.

En taxi se dirigen al cercano aeropuerto de Plattsburgh, donde abordan un añejo avión de la línea Spirit con destino a Miami. Al llegar a esta ciudad se hospedan con familiares o amistades hasta que logren mudarse por su cuenta.

Al día siguiente van a una oficina del departamento de “Children and Family”, donde les orientan y los encaminan hacia una agencia de refugiados, en la que una trabajadora social les dará seguimiento. De entrada les dan sellos de alimentos, tarjeta de Medicaid y pase gratuito para el transporte público. Si quisieran dinero en efectivo, tendrían que comprometerse a ciertas horas de servicio comunitario. A los menores se les enrola casi de inmediato en alguna escuela pública cercana al domicilio provisional.

Mientras esperan el permiso de trabajo, que suele demorar tres meses, se dedican a las clases de inglés, a los chequeos médicos, incluyendo las vacunas, y a algún trabajito “part-time” por la izquierda.

Una vez que llega el permiso para trabajar, la agencia les informa sobre los empleadores que ofrecen trabajo. Con frecuencia esas ofertas provienen del aeropuerto y negocios aledaños.

Estados Unidos tiene 320 millones de habitantes y la natalidad es baja. Puede acoger un cierto número de inmigrantes sin mayor trauma, inmigrantes legales, naturalmente. Además, siempre hay empleos que no desean los que nacieron aquí o llegaron hace tiempo. Las ayudas a los recién llegados, incluso las monetarias, no son dólares lanzados al mar, sino que mueven la economía local. Gracias a tantos inmigrantes, cubanos o no, y a los viajes a Cuba hacen su agosto tiendas como Valsán, Kmart y Walmart más los supermercados.

Al cabo de unos tres meses trabajando, los nuevos inmigrantes pueden ya perder la ayuda de los “food stamps” (sellos) si se ve que no los necesitan. Con el tiempo las ayudas del gobierno desaparecen. Y cuando cumplen un año y un día de haber llegado al país reciben residencia permanente. Así ha comenzado para muchos cubanos el sueño americano.

Eduardo M. Barrios, S.J.

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de enero de 2017, 1:55 p. m. with the headline "¡Bienaventurados los de ‘pies secos’!."

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