El optimismo del pesimismo
Un comunismo incapaz y desvirtuado y un ya muy prostituido capitalismo imperan sobre los crédulos y los tontos. Y, mientras haya tantos crédulos y tantos tontos, estas fuerzas seguirán guiando rumbo al abismo a las pléyades entontecidas.
En el ejemplo cubano, una gente sin incentivos para luchar por sí misma se ahoga en la miseria y la sumisión. Aquellos que comprenden que, sin libertad de acción ciudadana, no es posible reconstruir el país, no saben por dónde se empieza. La experiencia cubana ha demostrado que el malestar es un buen despertador, pero que lo desconocido paraliza.
El empobrecimiento de las clases media y baja norteamericanas –buscando paridad con las economías china, india, mexicana, etc.– es parte de una estrategia, tal vez fortuita, por adjudicarse vastísimas poblaciones-clientes en el mundo. Al capital, que corre de un lado del planeta al otro, no le importa si los artilugios de la vida se fabrican en China o en Vietnam o si el maíz genéticamente alterado les produce tumores cancerosos en la barriga a los ratones. El capital, suelto a sí mismo, produce riqueza; pero, ¡cómo no!, también se desbanda fácilmente y atenta contra los civiles.
El mejor gobierno es el que no se necesita... pero se necesita. Cualquier pueblo civilizado precisa de una Carta de Derechos Civiles y otra de Obligaciones Ciudadanas. A un mundo desequilibrado constitucionalmente le es casi imposible considerar seriamente el beneficio común.
Joaquín J. Delgado
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de marzo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "El optimismo del pesimismo."