Cartas

Trump en la ola

Partidarios del presidente Donald Trump se congregan frente al Capitolio de Georgia, en Atlanta, el 27 de febrero.
Partidarios del presidente Donald Trump se congregan frente al Capitolio de Georgia, en Atlanta, el 27 de febrero. AP

Estoy casi de acuerdo con Andrés Reynaldo en que “Trump no es la ola” [¿Y todavía se pregunta por qué salió Trump?, Perspectiva, 23 de febrero], sino que cabalga en ella, pero resulta casi imperativo matizar en cómo lo hace.

No se lidera un movimiento insultando a sus oponentes dentro del mismo partido, como llamándole al senador Rubio “Little Marco” o refiriéndose al exgobernador Bush como débil y que hablaba “mexicano”.

No se llega ahí acusando al padre del senador Cruz de cómplice del asesinato del presidente Kennedy.

No se cabalga en esa ola llamando “pig” a una mujer o haciendo referencias a su ciclo menstrual.

No se pretende dirigir a una nación acusando a los inmigrantes mexicanos de criminales.

No se puede imponer respeto a la presidencia cuando se habla de agarrar por sus partes a las mujeres.

Es imposible pedir transparencia cuando no revela su declaración de impuestos y le pide a un dictador de una potencia enemiga que lo ayude en su campaña política.

Resulta triste que para amenizar sus asambleas recurra a los cantos de “lock her up” que recuerdan a los de “paredón pá los gusanos” que padecimos todos los cubanos.

En este primer mes a cargo de la presidencia, como aconseja Reynaldo, sí he mantenido los ojos bien abiertos y no me ha gustado nada lo que he visto: mentiras, contradicciones, ataques a la prensa y al aparato de inteligencia, nominaciones de personas ineptas para los cargos, en fin, un verdadero caos.

Yo le aconsejaría a Andrés Reynaldo que examinara si existe la “coherencia” entre un periodismo ético y serio y el silencio sobre el modus operandi de este jinete apocalíptico.

Eduardo F. Peláez Leyva

Miami

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