Trump en la ola
Estoy casi de acuerdo con Andrés Reynaldo en que “Trump no es la ola” [¿Y todavía se pregunta por qué salió Trump?, Perspectiva, 23 de febrero], sino que cabalga en ella, pero resulta casi imperativo matizar en cómo lo hace.
No se lidera un movimiento insultando a sus oponentes dentro del mismo partido, como llamándole al senador Rubio “Little Marco” o refiriéndose al exgobernador Bush como débil y que hablaba “mexicano”.
No se llega ahí acusando al padre del senador Cruz de cómplice del asesinato del presidente Kennedy.
No se cabalga en esa ola llamando “pig” a una mujer o haciendo referencias a su ciclo menstrual.
No se pretende dirigir a una nación acusando a los inmigrantes mexicanos de criminales.
No se puede imponer respeto a la presidencia cuando se habla de agarrar por sus partes a las mujeres.
Es imposible pedir transparencia cuando no revela su declaración de impuestos y le pide a un dictador de una potencia enemiga que lo ayude en su campaña política.
Resulta triste que para amenizar sus asambleas recurra a los cantos de “lock her up” que recuerdan a los de “paredón pá los gusanos” que padecimos todos los cubanos.
En este primer mes a cargo de la presidencia, como aconseja Reynaldo, sí he mantenido los ojos bien abiertos y no me ha gustado nada lo que he visto: mentiras, contradicciones, ataques a la prensa y al aparato de inteligencia, nominaciones de personas ineptas para los cargos, en fin, un verdadero caos.
Yo le aconsejaría a Andrés Reynaldo que examinara si existe la “coherencia” entre un periodismo ético y serio y el silencio sobre el modus operandi de este jinete apocalíptico.
Eduardo F. Peláez Leyva
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de febrero de 2017, 5:17 a. m. with the headline "Trump en la ola."