Cartas

La democracia exige una economía libre

Un alza en las acciones del sector energético estimula la actividad en la Bolsa de Nueva York el jueves pasado.
Un alza en las acciones del sector energético estimula la actividad en la Bolsa de Nueva York el jueves pasado. AP

El crecimiento económico es indispensable para el desarrollo de un país. Solo mediante el crecimiento del producto social real se obtienen resultados que pueden ser repartidos. El crecimiento económico no se origina sin la formación de capital, tampoco sin el adelanto técnico. El desarrollo de un país está dirigido hacia el futuro, que no se conoce pero que se anticipa en la fijación de una meta política y económica.

Para el futuro de un país es importante que los ciudadanos crean en el futuro. Un pueblo que cree en su futuro, invierte en él, siempre que el país viva bajo democracia y capitalismo. Raramente se ha dado un concepto que haya sido tan combatido como el de capitalismo.

Ninguna persona competente u honesta puede negar que el sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción, en una larga lista de libertades, en un gobierno mínimo, ha demostrado en su historia de casi 200 años una fuerza creadora de bienestar que no ha alcanzado ningún otro sistema. Esta crítica es injusta e inadmisible.

Las inversiones nuevas del capital son necesarias, porque por medio de ellas se crean puestos de trabajo, y se aumenta la producción, así como el pago de impuestos sin aumentar la tasa impositiva. Libertad, justicia e igualdad en el orden social, adelanto y seguridad en el económico, son metas de valores muy diferentes que a menudo se excluyen, pero todas en general, completan el ámbito del ideal social. Solo en un sistema libre puede realizarse el gran número de las metas, mientras que en un socialismo se realice una limitación de estas metas. Nada debe impedirnos que vivamos en un sistema donde puedan ser unidos los ideales de la libertad y la justicia social.

Nuestra sociedad es un todo dentro del cual algunos grupos anhelan más la libertad, otros más la seguridad social, estando interesados casi todos en el crecimiento, siempre y cuando este no interfiera demasiado en las esferas de la vida personal. O sea, tenemos tres objetivos: libertad personal, seguridad económica y social, y crecimiento. El ser humano debe vivir libre y con seguridad social.

El individuo, en su calidad de cliente en el capitalismo, y libertad política, tiene la importante posibilidad de cambiar de un producto a otro en forma completamente libre. Pero la mayoría de las personas no solo son clientes, sino también son trabajadores. En un sistema libre con propiedad privada y pública, se ven enfrentados a la competencia entre varios empleadores, lo que les brinda la oportunidad de cambiar de una a otra contraparte contractual de su trabajo. Su posición se torna débil o fuerte dependiendo de la situación del mercado.

Pero más importante aún, el individuo tiene el derecho de sustituir su posición de trabajador por una posición empresarial independiente, sin limitaciones gubernamentales. Se necesita una desestatización de la sociedad.

La combinación del capitalismo y la democracia da mayor protección a los derechos, a las oportunidades, y a la conciencia del ciudadano promedio que cualquier otra alternativa conocida. La política y normas de una democracia se fundan en un grupo de igualdades formales –legales y electorales– que se derivan principalmente del principio religioso de que el hombre es igual ante Dios.

El capitalismo genera democracia. Las personas no aman la democracia si no les produce mejoras en sus condiciones económicas. Nadie puede asegurarnos que tendremos para siempre una sociedad libre, justa. Tenemos que saber desarrollarla a plenitud, mantenerla.

Manuel Cereijo

Miami

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