Destitución (impeachment) del presidente
El pasado viernes 10 culminó el proceso mediante el cual fue destituido el presidente de la República. Nos referimos naturalmente a la señora Park Geun-hye, la presidente de Corea del Sur.
El 9 de diciembre de 2016, la Asamblea Nacional la encontró culpable de actos de corrupción por sumas millonarias. El proceso, conocido en inglés como impeachment, concluyó el 10 de marzo cuando la Corte Constitucional ratificó el veredicto del parlamento. La destituida salió mansamente de la mansión presidencial, evitando así actos de violencia. Corea del Sur nos ha dado buenas muestras de madurez democrática.
En las sociedades basadas en la legalidad nadie está por encima de la ley. Los teólogos y canonistas del pasado decían que un Papa podía ser destituido si enseñaba herejías. Precisaban que para destituirlo tendría que reunirse un concilio general, y no un simple cónclave de cardenales. Como se trata de algo improbable, el Código de Derecho Canónico vigente no trae ningún canon sobre la destitución del Papa. Pero quede claro que el Papa está al servicio de la verdad revelada, no por encima de la doctrina cristiana.
Desafortunadamente hay presidentes en el mundo que gobiernan dictatorialmente apoyados en las armas. Pero también hay muchos países democráticos donde se eligen periódicamente a los gobernantes mediante elecciones razonablemente pulcras.
La reciente destitución del primer magistrado coreano, la señora Geun-hye, le abre los ojos a sus colegas presidentes de los demás países libres, donde el pueblo en general y la prensa en particular vigilan el proceder de su máximo magistrado. Es una saludable lección para escarmentar en cabeza ajena. O como dice el refranero popular: “Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”.
Eduardo M. Barrios, S.J.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de marzo de 2017, 4:48 p. m. with the headline "Destitución (impeachment) del presidente."