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Cartas

Espíritu de lucha

En esta fecha en el año 1961, más de un millar de cubanos zarpamos en unos buques cargueros hacia nuestra patria con el deseo y la certeza de que seríamos instrumentos para una segunda guerra de independencia y veríamos el restablecimiento de la interrumpida democracia en Cuba.

Muchos ya han hecho el relato de nuestro fracaso, nuestra ceguera política al depender de otro país sin considerar la posibilidad de que tuvieran intereses disímiles, y la traición de estos. Se luchó con valentía y se sacrificaron vidas por muerte y prisión. Hasta el día de hoy, nuestra Brigada mantiene el espíritu de lucha que nos inspiró entonces, que no se ha rendido a pesar del tiempo transcurrido.

Actualmente, en una segunda patria, nos apesadumbra ver nuevas generaciones que no saben valorar lo que verdaderamente significa ser libre. Oigo y leo ciudadanos cultos e inteligentes que exigen derechos humanos de las autoridades como el ser educados, saludables, felices en sus retiros y trabajos y remuneraciones justas. Es la gastada y utópica “justicia social” utilizada demagógicamente hace tiempo por sistemas autocráticos como el nazismo y el comunismo como simple eslabón para tomar el poder.

Es posible que el hedonismo haya sustituido a la fe y que estemos dispuestos a perder nuestra voluntad a cambio de gozos materiales. Clave de estos nuevos pensamientos y sentimientos está en la idea de que los derechos humanos son producto de y garantizados por otros humanos convertidos en gobierno. Nada más falso. Como bien comprendieron Jefferson, Adams, Franklin y todos los forjadores de los EEUU, el único derecho humano es dado por Dios, y consiste en el derecho a la Vida, la Libertad y la Felicidad. Esos derechos divinos han sido otorgados al individuo y cada uno de nosotros por ende debe ejercer su voluntad y asumir total responsabilidad de los resultados de sus acciones. Sacrificar nuestro derecho de educarnos o no, de cuidar o no nuestra salud, y de atenernos a los resultados de nuestras decisiones, aunque ideas atractivas, inexorablemente resulta en una pérdida absoluta de la Libertad.

Esta realidad establecida en la Declaración de Independencia estadounidense siempre ha sido parte de los verdaderos libertadores a través de la historia. Un joven estudiante cubano, Ignacio Agramonte, en vísperas de la guerra de liberación del 1868, dijo “La divina mano del Omnipotente ha grabado en la conciencia humana la Ley del progreso, y el desarrollo indefinido de las facultades físicas, intelectuales del hombre”. Prosigue Agramonte: “el Gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual no se forja en la justicia y la razón sino en la fuerza”.

Fernando J Milanés

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de abril de 2017, 2:27 p. m. with the headline "Espíritu de lucha."

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