La Apóstol de los Apóstoles
El Sr. Jesús Lázaro publicó en Perspectiva el pasado 12 de abril el texto “El silencio sobre María Magdalena”. El título va mal encaminado, pues el personaje aparece no menos de cuatro veces en los evangelios, más que otros discípulos.
Afirma el escritor que los evangelios no dicen nada “acerca de Jesús entre los doce y treinta años”. Por lo menos dicen lo esencial: “Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52). Esa etapa de vida ordinaria como carpintero podría llamarse “Infancia y Juventud de Jesús” en vez de “Vida Oculta” para evitar las suspicacias que laten en el fondo del escrito que nos ocupa.
Dice el articulista que “los evangelios presentan a la Magdalena en todo inferior a los discípulos”. ¿De dónde saca eso? Ella ha sido siempre tan valorada que ya los antiguos Santos Padres y Doctores de la Iglesia la llamaron “Apóstol de los Apóstoles” por ser la primera persona en ver al Resucitado y anunciar tan buena nueva a los demás discípulos. Recientemente su memoria litúrgica ha sido elevada al rango de fiesta.
Añade el autor que “las bodas de Caná podrían haber sido las de Jesús y la Magdalena”. ¿Con que “podrían”? San Juan dice que “Jesús y los discípulos estaban invitados a la boda” (2,2). ¿Desde cuándo un novio es invitado a su boda?
San Juan deja bien claro que las palabras, “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (19,26) van dirigidas a su madre, y no a la Magdalena como especula Lázaro.
Concluye el articulista diciendo que sigue abierta la pregunta de si María Magdalena fue la esposa de Jesús. Pues bien, esta respuesta da por cerrada la pregunta: “Jesús nunca se casó”. De haberlo hecho, se sabría como se sabe que el apóstol Pedro estaba casado. Para judíos y cristianos el matrimonio es una institución divina del Creador muy digna de exaltación. Pero Jesús no se casó por vivir totalmente centrado en “las cosas de mi Padre” (Lc. 2,49) inaugurando así un nuevo modo de servicio radical a Dios en el celibato “por el Reino de los Cielos” (Mt 19,12). Tan desinteresado se mostraba Jesús por buscar pareja que cuando habló junto a un pozo con una samaritana, al llegar los discípulos se extrañaron de verlo conversar a solas con una mujer (cfr. Jn 4,27).
En cuanto a los evangelios apócrifos que menciona Lázaro, tienen algo de valor por su antigüedad y por ciertos datos sobre el entorno cultural en el que nació el Cristianismo, pero no pasaron al Nuevo Testamento por no reflejar fielmente la predicación de los apóstoles. Esa fidelidad les costó muchas persecuciones a los cristianos.
Eduardo M. Barrios, S.J.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de abril de 2017, 1:34 p. m. with the headline "La Apóstol de los Apóstoles."