Non sancta equidistancia
Su Santidad el papa Francisco no ha mirado hacia otro lado ante la crisis de Venezuela. El Vaticano se involucró a fondo en el intento de contribuir a darle seriedad y resultados al diálogo que en su momento auspiciaron varios ex presidentes y al que acudieron representantes del gobierno y la oposición. Así envió a monseñor Emil Paul como su representante personal a las conversaciones. Los compromisos resultantes del proceso fueron ignorados totalmente por el gobierno de Nicolás Maduro.
Después hemos presenciado la radicalización del régimen de Maduro ante la reacción popular y de la oposición y escenas de una arremetida represiva con episodios públicos de crueldad sin precedentes en nuestra región, anteriormente tan pródiga en dictaduras militares.
Ahora con una Venezuela en caos cercano a la guerra civil y un gobierno más desafiante, que anuncia su intención de cargarse la propia constitución chavista, ¿qué dice el Papa? Ha dicho que parte de la oposición no quiere el diálogo y que está dividida. Habla del diálogo que resultó una burla para su propio enviado papal, y de una oposición unida que ha compactado el propio gobierno haciendo oídos sordos a todos los reclamos legítimos del pueblo volcado en las calles.
Francisco no ha tenido ni una palabra de condena directa a las atrocidades de las que ha sido testigo el mundo entero, perpetradas por “colectivos” paramilitares amparados por las fuerzas uniformadas del estado venezolano. Al contrario, respalda la posición de Maduro cuando pontifica (nunca mejor dicho) que la explosión popular “… no ayuda a solucionar los problemas, sino que provoca más sufrimiento y dolor”.
Las declaraciones del Papa Francisco no me parecen ni tan equidistantes ni tan santas.
Andrés Pérez
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de mayo de 2017, 3:54 p. m. with the headline "Non sancta equidistancia."