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Cartas

Tres cardenales y una pregunta

En días previos, leíamos en el Nuevo Herald declaraciones del cardenal de Caracas, Jorge Urosa Savino, exhortando al gobierno bolivariano de Venezuela a enmendar continuadas violaciones de la Constitución (chavista), respetar la independencia e integridad de la Asamblea Nacional y cesar la represión sangrienta e ilegal contra los opositores, así como otros temas relacionados.

Por otra parte, el otro cardenal del hermano país, Baltazar Porras, no ha ahorrado tampoco palabras contundentes para señalar la actuación de su gobierno, lo cual lo está convirtiendo en una inequívoca dictadura, mientras, simultáneamente, monseñor Diego Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal, ha mantenido valientemente la misma línea de señalamientos contra el chavismo-madurismo.

Volteamos la página y pasamos a la isla de Cuba. Decenas de años atrás, parte de la jerarquía cubana alertó a la población el peligro del gobierno con signo rojo que, primero, se insinuaba y, después, se confesaba ateo y marxista. Entre otras, las voces indómitas de Enrique Pérez Serante y Pedro Maurice sonaban las trompetas del apocalipsis cubano. Siguieron otras voces valientes, como las del obispo retirado de Pinar del Río José Siro, las del presbítero Conrado Rodríguez y un par más de insignes clérigos de la patria con denuncias contundentes contra el sistema reinante.

Siendo por muchos años el cardenal retirado, Jaime Ortega, la cara más visible de la Iglesia cubana, de él se ha esperado mucho, como cuando leímos en uno de sus escritos aquello de “yo quisiera que hubiese en Cuba dos o más partidos politicos… pero conste que la Iglesia no es el partido de la oposición”. Esa tenue e implícita denuncia y ciertas frases en otros escritos se tomaron con esperanza y aliento, pero todo quedó ahí. Siendo Jaime un cristiano devoto, ha dedicado todo su esfuerzo a la “reconciliación” sin entender que el pueblo ya lo está, pero que el clan que desgobierna al país es quien no planea reconciliarse democráticamente con su pueblo, bajo la falacia de su supuesta democracia perfecta.

Recientemente, el querido cardenal en viaje a España ha sido entrevistado y de sus respuestas completamente apolíticas, se intuye que no desea –o no puede– inmiscuirse en declaraciones antigubernamentales, sobre todo después de haber sido un ente clave en el reciente “entendimiento” entre Barack Obama y Raúl Castro.

La pregunta se cae de la mata: si como algunos opinan, las declaraciones cardenalicias en cualquier país responden a la visión vaticana del momento sobre las realidades específicas de cada nación, ¿cómo podemos entonces entender, que en uno de ellos –Venezuela– la jerarquía está libre para denunciar la realidad política sin rodeos y en el otro –Cuba–, parte también de América Latina, no se puede alzar corajudamente la voz en contra de una dictadura marxista, desfachatada y aplastante?

Efraín R. Infante

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de mayo de 2017, 6:04 a. m. with the headline "Tres cardenales y una pregunta."

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