Catequesis versus Primera enmienda
En la nota titulada Catequesis en un restaurante de Miami [Perspectiva, 24 de mayo], se enaltece el hecho de rezar en público.
Mi opinión al respecto: A pesar de quienes les pueda parecer muy devoto el rezar en un restaurante público, esto choca con la letra y el espíritu de la Primera enmienda, que consagra la libertad de cultos. Y es así ya que toda libertad tiene como límite donde comienza la de los demás.
Puesto que vivimos en una sociedad en la que se practican libremente numerosas religiones, una no puede prevalecer sobre las demás. Lo contrario significaría vivir en una teocracia.
Todos esperamos al ir a un restaurante público que ellos rindan el servicio, a nosotros y a todos, sin distinción de raza, condición o credo, y no exclusivamente, a las personas de una sola de las miles de creencias. Pero además, la expectativa es la de encontrar un ambiente relajado, libre de tensiones para pasar un rato amable y consumir una comida de nuestro agrado.
No puedo imaginar cuál sería la reacción del público de uno de estos lugares, si vieran cómo en una mesa se reza devotamente, de acuerdo al Catecismo; mientras que en otro rincón los miembros de alguna tendencia musulmana hacen sus genuflexiones, según la usanza de su particular confesión. Y más allá, otros bailan alrededor de la mesa desplumando un pollo, que luego degüellan, al tiempo que alguien más de su cofradía aspira un tabaco para después esparcir un buche de aguardiente, siguiendo el rito de María Lionza o de algún sincretismo de la otra América. Y, ¿por qué no?, puede que hasta unos pocos ateos protesten airadamente, a voz en cuello, por todo lo anterior. Seguro que sería un espectáculo digno de verse, pero no aquel que el común de la gente espera ver sin que se lo anuncien de antemano. En cuyo caso asumiremos que una determinada religión ha alquilado el restaurante o le pertenece con ese exclusivo fin, con lo cual deja de ser abierto a todo público.
Lo lógico y de acuerdo a la Ley, es que tales manifestaciones se hagan en privado o en lugares donde todos eso sea lo que esperan, o porque sean específicamente dedicados al culto respectivo, llamados templos, iglesias o casas de oración. Allí, de pleno derecho, pueden solicitar el favor de la deidad de su preferencia sin ser molestados ni interferir con otras creencias. No ser ofendidos ni ofender a nadie.
Por último, opino que a nadie se debe hacer creer o a no creer por la fuerza. Solo el respeto a los demás nos enaltece.
Pedro Martí
Pembroke Pines
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de mayo de 2017, 2:28 p. m. with the headline "Catequesis versus Primera enmienda."