Cartas

Cuando se acaba el amor

Cuando se acaba el amor, algunas personas por compasión o por amor a sus hijos, continúan casadas llevando a cuestas la pesada carga del matrimonio. Otras, no soportan la situación y optan por el divorcio.

En casi todas las civilizaciones ha existido la posibilidad de disolver el vínculo matrimonial, incluso, en las más antiguas. Es un derecho que forma parte de la libertad individual y una decisión personal.

El matrimonio civil es un contrato y como tal, puede cancelarse.

¿Qué deben hacer –desde el punto de vista ético– aquellos que se amaron al comienzo de su relación, pero que luego, con el paso de los años, no se pueden soportar? ¿Deben seguir unidos, aunque sus puntos de vista sean completamente incompatibles?

Cada ser humano es único, es cierto, pero existen causas comunes en los divorcios, de tal forma que podrían investigarse las causas de este fenómeno a partir de una visión científica.

Muchas parejas han recurrido inútilmente a sacerdotes que nunca se han casado y que, por lo tanto, no tienen ninguna experiencia en los problemas del matrimonio, también acuden a consejeros matrimoniales, que sabe Dios si ellos mismos son divorciados o soportan problemas mayores de quienes buscan su ayuda.

El divorcio está clasificado como una de las principales causas de estrés, de manera que los divorciados son asiduos pacientes de los psicólogos.

Dicen que los celos indican inseguridad y baja autoestima. Sin embargo, cuando existen serias sospechas de infidelidad, se justifican.

No todos pueden perdonar una infidelidad, aunque a veces lo pueden lograr cuando se convencen que se trató de inmadurez, de una relación fugaz sin importancia, de una ligereza. Este razonamiento está relacionado con los propios valores y la forma de ver las cosas.

Dicen que el amor todo lo perdona, pero no se puede perdonar la infidelidad constante, la humillación ni el maltrato.

Cuando se acaba el amor, no es ético ni justo tratar de soportar lo insoportable en aras de mantener una relación sin bases sólidas que la sostenga.

José M. Burgos S.

Miami

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