¿Por qué escamotear alabanzas?
Mientras es aleccionador y causa admiración escuchar criterios diversos condenando el chavismo-madurismo de la Venezuela hermana, provoca, a su vez, estupor oír engoladas críticas por parte de puristas, cuando algún líder del régimen recapacita y retira su apoyo a esa malévola combinación o, mejor aún, se les enfrenta.
Sobre este tema leemos el pasado 3 de junio, en el actualizado artículo de Alexis Ortiz, la relación de infinidad de ciudadanos bien intencionados que rompieron con la tiranía cuando se convencieron de lo desastroso que era para la nación el desfasado socialismo del siglo XXI, patrocinado y dirigido por el anacrónico castrismo isleño. Muchos de ellos son ahora respetables figuras de la oposición, valiosas en la lucha por la recuperación de la otrora rica y pujante República de Venezuela.
Ante la valiente y comprobada honesta actitud de la fiscal de la nación, Luisa Ortega, debemos dar gracias de que una persona de autoridad y tan entregada al chavismo se haya rebelado contra lo que ella, consistente y racionalmente, considera violaciones a la Constitución creada por el propio chavismo, abusos de poder y atropellos por autoridades policiales y militares, juicios sumarios sin el debido proceso y, últimamente, presentando acción legal en toda forma contra el intento de Constituyente propuesto por el actual mandatario Nicolás Maduro.
Se puede comprender el recelo y el rencor contra esta funcionaria por sucesos jurídicos anteriores, pero su valiente rebeldía en momentos tan excepcionales para la patria de Bolívar, requeriría por parte de todos un reconocimiento que esté por sobre todo sentimiento hostil, sea éste justificado o no.
Cuando la Patria sufre y agoniza, sentimientos excelsos y magnánimos deben reemplazar discrepancias, odios y rencores. La señora Ortega pudiera ser –pretendiéndolo o no– el detonador para que otras figuras determinantes del actual gobierno piensen dos veces lo que implica para ellos y para el país seguir sirviendo de marionetas a un poder dictatorial y apátrida, que prefiere mantener al país en usufructo personal, además de funcionar como una vil colonia de una metrópolis, a su vez tiránica y traidora a su propio pueblo. En estos tiempos, el reconocimiento –o al menos el silencio– se impone ante el escamoteo rencoroso. Para todo lo demás, tiempo habrá. Señor, por favor, salva a Venezuela.
Efraín R. Infante
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de junio de 2017, 2:48 p. m. with the headline "¿Por qué escamotear alabanzas?."