Creación y evolución
El prolífico escritor Jesús Lázaro publicó aquí en Perspectiva el pasado lunes 3 de julio una opinión bajo el título “Creación o Evolución”.
Tanto en el título como en el desarrollo del texto, el autor opina que se trata de conceptos excluyentes.
Respondemos afirmando que se pueden conciliar ambos. Como dijo recientemente el Papa Francisco, “la evolución no es incompatible con la creación, porque la evolución requiere la creación de seres que evolucionen”.
En otras palabras, la creación precede a la evolución. Cuando la ciencia escudriña el remoto pasado del universo, llega un momento en que no llega más atrás. Entonces algunos dirán que todo comenzó con una gran explosión o “big bang”, pero dejan sin responder a dos preguntas cruciales, a saber, ¿qué explotó? y ¿por qué explotó?
La ciencia se ocupa del cómo de las cosas, pero no responde a los últimos porqués. El hombre necesita apelar al raciocinio filosófico, ejercitándose en esa metafísica que se conoce como teodicea, aunque a muchos les basta con acoger la revelación bíblica: “Te ruego, hijo, que mires el cielo y la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios” (2Mac 7, 28).
El Catecismo enseña: “Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear” (Cat Nº 296). Cuesta superar una visión antropomórfica de Dios imaginando a un Creador atareado, cuando en realidad la creación brota sencillamente de la voluntad omnipotente, omnisapiente y bondadosa de Dios. Todo lo que no es Dios cae en la categoría de criatura. De ahí lo que profesa el Credo: “Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible”. Pero la religión deja que la ciencia, consciente de sus límites, continúe investigando. Ningún descubrimiento científico podrá jamás minar la fe en Dios Creador.
Eduardo M. Barrios, S.J.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de julio de 2017, 2:41 p. m. with the headline "Creación y evolución."