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Cartas

No a la nostalgia de una Cuba alquilada

Casa abandonada en Tarará, una urbanización floreciente al este de La Habana en los años 1950 donde luego estuvo un campamento para ‘pioneros’.
Casa abandonada en Tarará, una urbanización floreciente al este de La Habana en los años 1950 donde luego estuvo un campamento para ‘pioneros’. el Nuevo Herald

Con relación a la columna de opinión, La Habana incómoda y la raza de los ‘cúmadas’, de Wendy Guerra (Perspectiva, 20 de julio) creo que la autora lleva mucho dolor en el pecho, como nosotros. Wendy. Pero, Wendy, la Cuba que tomas como referencia al presente, o como tabla comparativa de parámetros inexistentes, no es un ejemplo a repetir. Esa es la mejor Cuba que tú conociste, pero no debemos aspirar a eso. Esa no debe ser nuestra añoranza.

Esa Cuba que desapareció, la que describes, la de los años 1970 y 1980, con todo lo que mencionas, y además, con su Tarará y sus campismos y su autopista nacional en desarrollo y una flota pesquera orgullo del Caribe, tampoco era la mejor Cuba. Esa fue la Cuba alquilada al comunismo básico soviético. La mantenida y dilapidadora, la destructora de riquezas y creadora de futuras miseria; la represiva y prohibitiva, la invasora de nuestra privacidad y violadora de nuestros derechos, la carcelaria de nuestras libertades. La que violó nuestra inocencia en las escuelas en el campo, la que separó nuestras familias en Cuba y fuera de ella, la que provocó el evento migratorio más grande en tiempos de paz desde las leyendas de Moisés. Nada que lamentar. Las migajas no se lloran. Y migajas era lo que recibíamos para mantenernos como masa inepta de fantasías proletarias.

Te propongo que uses tu verbo, tu pluma y tu celebridad para hablar de lo que tenemos que volver a ser: la Cuba Perla del Caribe, la vanguardista y renovadora, la de los grandes y primeros downtowns, la de las mayores cúpulas estructurales bajo techo, la que le hizo la música al mundo, la de los grandes hospitales de la vanguardia médica latinoamericana, la del primer ferrocarril del hemisferio, la de los túneles bajo el agua, la del bloque vanguardista de letrados, la de la gran intelectualidad continental, la del orgullo de la independencia universitaria, la multipartidista y respetuosa de las libertades individuales, la de las elecciones libres, la de la Constitución más avanzada de su época, la de un parlamento y un Capitolio Nacional emblema de la democracia, la de los tranvías, la de la excelencia en el transporte y sólidos edificios, la de las mútiples salas de cine, la de los cabarets y restaurantes en cada esquina, la de un dólar por un peso, la hospitalaria de inmigrantes y no exportadora de millones de emigrantes, la de los 270 centrales azucareros, la millonaria del azúcar, en fin la que iba a la vanguardia del continente. Todo lo demás: el tiempo muerto, las prostitutas, el analfabetismo, la discriminación, la miseria focal y la dictadura que causaron la desgracia de la revolución comunista, era cuestión de tiempo y civismo resolverlos, como lo han hecho las sociedades más avanzadas del mundo en los últimos 60 años. Irónicamente, los problemas sociales que la justificaron, se han multiplicado hoy por 10, excepto el analfabetismo. Pero de qué nos vale, si lo que aprendimos, ya sea en La Lenin o en la Facultad Obrero Campesina, sólo nos sirve para llenar cuatro papeles con lamentaciones y lágrimas, añorando lo que nunca jamás debe volver.

Samuel Padrón

Comentario en elnuevoherald.com

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2017, 2:05 p. m. with the headline "No a la nostalgia de una Cuba alquilada."

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