El empuje de un pueblo
No pretendo ser negativo, solamente pretendo, a través de este comentario, presentar mi análisis personal de las circunstancias transitadas por Colombia durante los últimos sesenta años, tiempo que con mi madurez de adulto me permite hacer, si bien es decirlo, por el hecho de haberlo vivenciado en su aspecto sociopolítico. Tampoco pretendo hacer comparaciones. No es del caso. Sí creo que vale la pena que hagamos un somero análisis del porqué del estado en que vivimos actualmente.
Desde finales de 1950 hemos sentido el desgaste producto de las frustraciones reiterativas por llegar a un mejor estar y el esfuerzo por superarnos, por tener al final una vida digna con la tranquilidad que produce la seguridad y el deber cumplido. Un desgaste continuado y acelerado que nos arrastra al desespero y desilusión al ver que no sólo las actuales generaciones de jóvenes viajan en un mar de incertidumbres con la inquieta interrogante de cómo se desarrollarán las futuras generaciones. La Juventud con una brújula loca que lo lleva a cualquier parte sin medir consecuencias, la obtención sin esfuerzo alguno, algo de lo necesario. Desgaste total a la espera de alguien que le ayude con los medios para seguir adelante. Cuando toda diligencia parece insuficiente para saltar los obstáculos no cede en sus intentos
A pesar de todo lo dicho nos asiste un espíritu luchador. Esto se deduce por estar viviendo un conflicto de casi sesenta años. Nos hemos blindado contra un estado brutal de violencia aunque nos hemos desgastado por sus consecuencias: contra políticas gubernamentales que, sojuzgando nuestros derechos, nos han sido impuestas.
Alguien gritó que “el barco aún flota y nada se ha perdido”. Esta es la expresión del colombiano pujante, que nada ni nadie le arredra, salvador de obstáculos, capaz de exponer su vida por un noble ideal. Aquel quien sin tapujos expresa su verdad y confronta la corrupción en todos sus frentes. Aquel que enarbola la bandera de la honestidad. Incompatible con el engaño, la traición, la mentira. Quien no permite el maltrato contra nadie, en cualquiera de sus contextos. Quien no se aprovecha de la ignorancia ajena. Aquel que ayuda al caído a levantarse. Quien señala la injusticia y respeta el dolor ajeno. Es aquel quien guarda la esperanza en medio de la desesperanza, inyecta energía al débil. Llora con la desgracia de otros y sosiega al niño que llora.
Este es el colombiano que mantiene a la patria viva. Ese colombiano podrías ser tú.
Ulises R Rico Olivero
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Esta historia fue publicada originalmente el 30 de octubre de 2017, 5:22 a. m. with the headline "El empuje de un pueblo."