¿Qué pasará con los que no somos millonarios?
El Sr. José Azel en su artículo “La inmoralidad de gravar ingresos” [Trasfondo, 23 de noviembre] considera que el sistema progresivo de gravar ingresos (los que más ganan pagan un % de impuestos más alto) es injusto. Se queja que el Estado le quite más a unos simplemente por haber conseguido unos más que otros. Dice que este impuesto progresivo es una violación del principio moral de que todos los hombres son tratados iguales, una redistribución de los ciudadanos más productivos a los menos productivos. También dice que esto promueve conflictos. Aduce que la culpa la tiene la enmienda XVI que legaliza la recaudación de impuestos y exhorta a eliminarla. Prefiere el impuesto al consumo e intuye que estos planteamientos pueden incomodar al lector.
No estoy incómodo. Creo que la riqueza no se distribuye; se invierte. Pero sí estoy sorprendido por la crudeza de los planteamientos. Cuando el 1% es dueño del 35% de la riqueza nacional, cuando hay más de un billón de dólares en paraísos fiscales, cuando los individuos más ricos de la historia, con fortunas de decenas de miles de millones de dólares, prometen, y lo cumplen, donar centenares de millones de dólares y al siguiente año su fortuna se ha incrementado en miles de millones, cuando hay empresas que poseen decenas y centenas de millones de dólares en efectivo y reconocen que no saben qué hacer con ellos. Cuando muchas de estas fortunas utilizan su dinero para comprar o comprometer a algunos políticos, amenazar a otros y tratar de destruir la reputación de muchos... Sí, quizás sorprendido no sea la palabra adecuada.
Todos los hombres deben ser tratados igual. Estoy de acuerdo. Pero no lo son. Los ricos pueden acceder a los mejores abogados de la nación y a los mejores tratamientos médicos, reciben audiencias especiales de políticos y soberanos, y donde quiera que vayan, con raras excepciones, son tratados como reyes. El articulista tiene razón: no todos los hombres son tratados iguales pero nada de eso tiene que ver con los impuestos progresivos. Si como el autor prefiere se impone un impuesto al consumo, millones de ciudadanos pobres y de clase media verán un encarecimiento en los productos que compran y en los servicios que usan mucho mayor que los impuestos que pagan bajo el sistema actual. Comprarán menos y la economía sufrirá.
El dinero para crear empleos existe. Si los que compran, el pueblo, tuvieran más dinero, comprarían más y la economía mejoraría, pero los que crean las empresas comprarán robots y eliminarán empleos, lo tendrán que hacer o no podrán competir, pero los robots no compran.
Tenemos que cambiar el discurso. Lo que viene es nuevo, distinto. Millones quedarán sin trabajo permanentemente. Habrá una élite de individuos con una alta inteligencia y otros multimillonarios controlando la economía y, claro, la política. ¿Qué pasará con quienes no somos millonarios y con una inteligencia promedio, sabiendo que somos la gran mayoría? Por lo que leo y lo que estoy viendo creo que tenemos un problema.
Raúl Sorondo
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de noviembre de 2017, 2:55 p. m. with the headline "¿Qué pasará con los que no somos millonarios?."