Cartas

La realidad de la pena capital

Una cámara donde se aplica la inyección letal en el estado de Nebraska.
Una cámara donde se aplica la inyección letal en el estado de Nebraska. AP

Siempre me ha llamado la atención el castigo capital y muchas veces me he preguntado si el hombre tiene derecho a quitarle la vida a otro, pero más que eso, si la pena de muerte es impartida justa y equitativamente.

Los procedimientos políticos, el dinero, la raza y el lugar donde se comete un crimen, pueden jugar un papel determinante y decisivo a la hora de impartir justicia.

La pena de muerte, de hecho, es una lotería mortal, ya que, aproximadamente, sólo una de cada cien personas arrestadas por asesinato es ejecutada.

Desde 1974 hasta la fecha, aproximadamente 150 que se hallaban en el pabellón de la muerte, esperando ser ejecutadas, fueron exoneradas y puestas en libertad. Algunos de estos reclusos estuvieron a tan solo horas de la muerte.

El racismo, por otra parte, es un factor determinante a la hora de ser sentenciado y condenado a la pena capital.

En 1987 el caso de McClesky contra Kemp en la Corte Suprema estableció que cuando una persona de origen latinoamericano de cualquier raza, o de la raza negra de cualquier nacionalidad, mata a algún estadounidense de la raza blanca, la probabilidad de ser sentenciado a muerte es cuatro veces mayor que en el caso contrario.

Aunque la población latinoamericana sólo representa menos del 15 por ciento de la población de Estados Unidos, este grupo ha sido víctima de asesinatos en cerca de un 50 por ciento de la población en general, de acuerdo a un reporte del Bureau of Justice Statistics. A pesar de esto, la pena de muerte casi nunca es utilizada en casos en los que la víctima es una persona de la raza negra o un hispanoamericano y el victimario un estadounidense de la raza blanca.

Obviamente, los familiares de las víctimas de asesinatos sufren pérdidas y traumatismos muy severos y de ninguna manera se debe tratar de minimizar este hecho. Pero ejecutar a alguien no ayuda a sanar las heridas, ni brinda consuelo.

Aunque parezca ilógico, es mucho más costoso ejecutar a una persona que mantenerla tras las rejas por el resto de su vida.

Un estudio que se llevó a cabo en Nueva York reveló que el juicio a un indigente hasta la primera etapa de apelaciones, cuesta alrededor de $2.8 millones, mientras que mantener a una persona en la cárcel durante cuarenta años, cuesta alrededor de $800,000.

Víctor Hugo dijo que la pena de muerte es un signo peculiar de la barbarie humana. Cesare Beccaria manifestó que la pena capital es la guerra de una nación contra un ciudadano, cuya destrucción es, para los jueces, necesaria y útil.

José M. Burgos S.

Miami

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