Cartas

La Iglesia de Francisco es machista

El 22 de abril, el Nuevo Herald publicó: “El Papa critica el machismo, que considera la mujer de segunda clase”. En el mismo, Francisco hace varias exhortaciones que llevan a replanteamientos. Refiriéndose a los “los excesos del machismo” que considera a la mujer “de segunda clase”, olvida sus propios “excesos”. La Iglesia de Francisco es una iglesia machista, dirigida por hombres, donde la mujer no tiene los mismos derechos. En la Iglesia no hay mujeres sacerdotisas, obispas, arzobispas, cardenales. La mujer no dirige ninguna de las Prefecturas del Vaticano, ni es Nuncio/a o Delegada Apostólica dentro del Cuerpo Diplomático que representa a éste peculiar Estado ante los demás Estados libres.

Las mujeres, en las sociedades libres, tienen derecho al voto, para elegir a sus gobiernos. Para elegir al Papa sólo pueden hacerlo Cardenales. Las mujeres entregadas a Dios –las monjas– sólo pueden trabajar en la enseñanza, hospitales, asilos, orfanatos… pero no ocupan ningún cargo eclesiástico. Y que conste, que las hay y habido muy ejemplares: Teresa de Ávila, Teresa de Calcuta y tantas. ¿Son las monjas de segunda clase?

El papa Francisco remarcó la importancia de las mujeres ya que “la mujer no es una réplica del hombre, sino que viene creada directamente de Dios”. Sin embargo, dentro de la iglesia no son reconocidas con igualdad de derechos. El Estado Vaticano no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la ONU, de 1948.

Jorge Bergoglio habló de “la instrumentalización y la comercialización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática”. Y, ¿cuál ha sido, tradicionalmente, el papel de la mujer en el matrimonio? Cumplir con sus obligaciones de estado –como esposa en la cama–, cuidar los niños, cocinar, lavar, planchar, y un largo etcétera. Incluso, al no permitir el divorcio, la mujer ha sido víctima de “la prepotencia humillante” por tener que mantener un matrimonio indisoluble.

Jesús Lázaro

Miami

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