Cartas

La moto que izó la bandera blanca

Cortesía del autor

Harley-Davidson, la simbólica empresa fabricante del vehículo de dos ruedas provisto de un poderoso motor de explosión, la motocicleta ensamblada con esmero en los talleres de Milwaukee desde 1903, las Harley choppers, cabalgadas por Peter Fonda, Jack Nicholson y Dennis Hooper en la película Easy Rider, con el viento golpeando fuertemente sus caras a medida que aumenta la velocidad y la adrenalina, las máquinas de rugientes motores conducidas sobre el asfalto caliente de California por los temibles Ángeles del Infierno, la moto que sobrevivió la Gran Depresión y duros períodos de crisis económicas, se encuentra nuevamente sumergida en un fuerte torbellino ante la guerra económica decretada por el presidente Trump.

La compañía, con más de 40,000 unidades vendidas el año pasado en la Unión Europea, busca paliar el efecto del impuesto aduanero y el aumento del acero y aluminio que utiliza en su producción, pues elevaría el precio de las motocicletas. Para aliviar dicho efecto los fabricantes anuncian continuar el traslado de parte de su producción fuera de los Estados Unidos, ya que cuentan con plantas en Australia, Brasil, India y Tailandia.

La respuesta del magnate, autor del decreto de guerra a muerte a la globalización, no se hizo esperar: a través de Twitter, su arma de batalla preferida, se mostró sorprendido de que Harley, el icono estadounidense, fuera la primera de todas las compañías en mostrar la bandera blanca y amenazó con gravar con un gran impuesto sus motocicletas importadas. Ignoramos hasta el momento si los nativos pantalones vaqueros y el espirituoso bourbon, productos emblemáticos incluidos en los nuevos aranceles europeos, izarán la blanca bandera que no sabemos si es de paz o de rendición, o la roja para hacer que América sea grande otra vez.

Edwin Villasmil

Miami

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