No solo Michael Jackson
En el Nuevo Herald del 10 de julio aparece la columna: Escandalosa revelación sobre Michael Jackson: su padre lo habría castrado. Este hecho se conoció después de 9 años de su muerte. La noticia se supo a través de su médico de confianza Conrad Murray, quien “aseguró que el padre del cantante, Joe Jackson, castró químicamente a su hijo para que no perdiera su voz aguda”, aplicándole “varias dosis de inyecciones de hormonas para detener su crecimiento”. Su padre, Joe Jackson, que solo le dio malos tratos, como todos los padres de este tipo, se sentía “satisfecho” del método de crianza.
Pero, no hay nada nuevo bajo el sol, tan solo hay que mirar un poco atrás la historia y esta revelará hechos tan o más trágicos que los del Rey del Pop, tanto por quienes ejecutaban la castración como por la cantidad de niños, miles, que fueron afectados. Esta práctica se empleó casi exclusivamente en Italia.
Posiblemente en el siglo VI ya había niños cantando en lo que más tarde se conoció como Coro de la Capilla Sixtina, pero fue siglos más tarde, con el comienzo del Renacimiento, alrededor del XV, cuando los niños de este coro fueron sustituidos por cantantes castrados. Los castrati, voz italiana en plural, fueron niños que poseían voz tiple –el registro vocal más alto o agudo– los cuales fueron sometidos a un procedimiento para la destrucción o ablación de los testículos, con el fin de que cuando crecieran su voz conservara esa tesitura aguda de la niñez, y poder sustituir voces femeninas. La prohibición a las mujeres de cantar en las iglesias aumentó la demanda de los castrados.
Con la bula Cum pro nostri temporali munere, Sixto V, en 1589, autorizó incluir castrati en el coro de la Basílica de San Pedro, costumbre que duró siglos, hasta que en 1861 tras la unificación de Italia, la castración con propósitos musicales fue considerada ilegal. Finalmente, Pío X, en 1903, con el motu proprio Tra le Sollecitudini, sustituyó a los castrati por niños.
Hoy día resultaría impensable castrar niños para que canten en iglesias o catedrales, sin embargo se hizo.
Jesús Lázaro
Miami