Dios, la Iglesia y el perdón
El domingo 10 de mayo el Papa Francisco recibió en el Vaticano a un autócrata caribeño, que después de la audiencia dijo sentirse tan impresionado con la personalidad del Pontífice que estaba considerando volver al seno de la Iglesia Católica en la que fue educado. Ese tipo de declaraciones deben tomarse con una pizca de sal.
Quien lleva años alejado de las prácticas de la fe en su iglesia, sólo regresa tras un proceso, generalmente lento, llamado conversión. No suele darse ante la prensa, sino en el recogimiento y en la apertura al toque interno de Dios.
La Iglesia Católica exige a sus hijos pródigos pasar por el sacramento de la penitencia o reconciliación. Lo principal del sacramento lo pone Dios por mediación del confesor, a saber, el perdón.
Pero la absolución resulta írrita si el penitente no aporta, con la gracia de Dios, la contrición y el propósito de enmienda. La autenticidad del arrepentimiento se verifica en la disposición a reparar el daño causado. Si el penitente ha incurrido, por ejemplo, en robo, aunque sea bajo el eufemismo de nacionalización, debe restituir lo expropiado a sus legítimos dueños. En el caso que nos ocupa serían necesarias otras reparaciones de más alto calibre aún.
Al tratar sobre los hábitos virtuosos y viciosos, Santo Tomás de Aquino, insigne doctor de la Iglesia, enseña que al cristiano que lleva muchos años en gracia de Dios le resulta difícil cometer pecados graves. Igualmente, al que lleva mucho tiempo lejos de Dios y de la moralidad, se le hace dificilísimo romper con sus vicios.
Pero como dice la Escritura, “para Dios nada es imposible” (Lc. 1, 37).
Eduardo M. Barrios, S.J.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de mayo de 2015, 0:00 p. m. with the headline "Dios, la Iglesia y el perdón."